sábado, 7 de mayo de 2011

Sobre la marcha nacional o del hartazgo abúlico

En principio, para Olga, Eileen, Bitty y Pedro Luis.

Amigos, qué bueno que podamos darnos un tiempo y escribir lo que pensamos, las tristezas que tenemos y las frustraciones que andamos cargando. Escribirlas y compartirlas es un buen ejercicio para conocer más allá de los trinos efímeros de Twitter.

Tengo apenas tres minutos para escribir esto, así que ruego disculpen las faltas y lo apresurado.

I. Sobre la marcha.

Dice Bitty: "No sé si la marcha logrará su objetivo..." y luego Eileen agrega: "la empatía que genera la marcha es importante, pero no basta."

Yo, como ellas, tengo muchas dudas sobre la marcha, sobre sus conclusiones y derroteros finales. Sin embargo, me he detenido un poco a pensar si hay un "objetivo" explícito que esta marcha esté enarbolando y no lo veo. Y me parece que no tiene por qué tenerlo. Si alguien les contó de la la marcha del 6 de abril, seguro les comentaron que aquella parecía un archipiélago de reclamos: "Renuncia Calderón", "Justicia Guardería ABC", "Condenemos la violencia", "Sí a la legalización de las drogas", "Acerquémonos a Dios", "No al maltrato animal", "Viva el SME", "Fuera militares de las calles", "Queremos justicia, no promesas", más un largo etcétera. No hay, por tanto, un discurso articulador de todas estas exigencias, porque se trata de reclamos particulares en un contexto de hartazgo nacional.

Así, como le comentaba a Luis Frost: me parece que lo destacado de estas movilizaciones no es tanto si se persigue o no un objetivo, sino el chance de hacer confluir exigencias públicas y privadas, personales y nacionales, en un momento muy específico de malestar conjunto. El contexto, pues, importa porque permite generar "empatía ciudadana". No conozco a Javier Sicilia, y nunca he leído uno solo de sus poemas, pero la muerte de su hijo me duele y me avergüenza igual que la muerte de Marisela Escobedo, me estruja igual que el descubrimiento de las fosas en San Fernando y me indigna igual que el asesinato impune de los jóvenes de Villas de Salvárcar, entre tantos, tantos otros. La marcha es la posibilidad de hacer visible no mi enojo particular, sino la indignación colectiva que sentimos muchos ante lo que está pasando en nuestro país. Sí, Eileen, es "enunciación" quizá y ya estamos hartos de puras frases, pero me parece que la movilización es siempre un punto de partida. Ahora bien, ¿un punto de partida para qué? ¿Para generar conciencia social y política? Sí, seguramente. Una marcha de estas características siempre es un espacio para socializar un problema. Conocer otras historias, otras personas, otros caminos posibles de acción. ¿Sirve para mostrar que el ciudadano junto con otros ciudadanos tienen más voz que muchos políticos juntos? Sí, también lo creo, aunque ahí las variables son más complejas y no siempre sucede así tal cual.

¿Pero para qué más sirve? Me parece, que estas últimas marchas han permitido, ligeramente, que comencemos a voltear la mirada hacia los rostros y las historias de los muertos, de los asesinados, de los secuestrados y cambiar el discurso social-político que existe. Es hora de decirle al gobierno y decirle a los medios y decirnos a nosotros mismos que esas muertes NO SON ESTADÍSTICAS, NI SON DAÑOS COLATERALES, NI SON CUESTIONES A LAS QUE TENEMOS QUE ACOSTUMBRARNOS.

Eso importa e importa mucho y creo que el mensaje de Sicilia va mucho en ese camino y por eso, sólo por eso, esta marcha debería apoyarse, difundirse, conocerse...

Finalmente, me parecería que pedirle, exigirle a "la marcha" que resuelva nuestros problemas de inseguridad y violencia, que haga que México sea más pacífico, o criticar a los asistentes por "no hacer nada después" es un tanto injusto. Los sociólogos, politólogos y teóricos de la rational choice llevan décadas rompiéndose la cabeza con el problema de la "acción colectiva". No, no pensemos que una marcha, esta marcha, va a hacernos a todos mágicamente mejores ciudadanos, ni héroes activistas. Pero, ¿saben?, de pronto sucede que no uno, sino varias decenas (ojalá fueran miles o cientos de miles) se sienten parte de algo, con un compromiso mayor, y eso vale. Vale muchísimo. Porque al final, quizá, esas personas seguirán exigiendo no sólo por la justicia y el esclarecimiento de UN crimen, sino por la reforma política, por mejores leyes en cuestión laboral, emprenderán acciones colectivas contra empresas rapaces, o simplemente se la pensarán dos veces a la hora de dar una mordida. Pasar del hartazgo abúlico y desesperanzador a la acción vigilante, exigente.

Me llevan a rastras. Quisiera seguir, pero no puedo. Un abrazo con mucho afecto a todos y todas.

sábado, 5 de marzo de 2011

Video: Bicentenario en Colombia



Una o dos veces por semana me pongo a leer diarios sudamericanos. En esta ocasión, por casualidad, encontré un video que se me hizo interesantísimo por todas las reflexiones que podrían derivarse de él. La música, el mensaje, los personajes que aparecen (lo mismo Mockus que Juan Manuel Santos, el artista célebre y el colombiano promedio), la forma en como está estructurado, etc, dan cuenta de la manera en que se intentó presentar la celebración de los 200 años de independencia de Colombia, con un ánimo positivo, incluyente, alegre. Al ver el video pensaba en ciertas similitudes que encontraba con los esfuerzos mexicanos para celebrar nuestro bicentenario, las frases hechas que nos tuvimos que tragar por meses, la música cursi, los eslogans vacíos, el "Tú eres México" y demás. Sin embargo, en el fondo no dejaba de notar cierta luz en la voz de todos los colombianos que aparecen en el video. Escuchen tan sólo cómo inicia el primer comentario, hablando de cómo a pesar de la violencia los colombianos han sabido darle la vuelta a la situación. Y sentía como lo que estuvieran diciendo fuera más real y sincero que lo que nuestros actores y políticos mexicanos se cansaron de decir durante algunos meses. Y aquí me detengo un segundo. ¿Realmente hubo un intento de colocar un discurso público sobre nuestro bicentenario más allá de los "esfuerzos" del gobierno federal? Y me contesto de botepronto que no, o que al menos no lo tengo claro. Que una cosa fue el gasto desmedido, los desfiles y el espectáculo popular y mediático, que sin duda estuvo ahí, y otra muy distinta la reflexión conjunta sobre lo que somos como país, el enarbolar un discurso conjunto de verdadera unidad nacional, etc., cosas que no tengo muy presentes.

Qué lástima. Sé que todo esto sale de un videito sensiblero realizado por El Tiempo, que pertenece a uno de los grupos de medios más importantes, quizá el más importante de Colombia, pensado justamente para "tocar el corazón" de la gente sin ofrecer ningún análisis o propuesta ni nada por el estilo, y que por tanto el video por sí mismo no podría o no debería ser indicativo de nada. Sin embargo a veces es difícil luchar contra las impresiones, y yo me quedo con una: que aquí desaprovechamos hasta la posibilidad de mostrarnos un "video" así, con voces plurales, esperanzas futuras y deseos compartidos. Ya no se diga de haber intentado enarbolar un discurso público que motivara realmente la reflexión, autocrítica y se tradujera en acciones, acuerdos o leyes. En fin.

Siento que se podrían escribir muchísimas cosas más a partir de este videito: toda una disertación académica, un análisis semiótico, una reflexión comparativa entre el espíritu nacional de México y Colombia, y tantas otras. Yo no lo haré ahora, pero les dejo el documento visual por si gustan echarle un ojo y dejar un comentario.

sábado, 12 de febrero de 2011

Reflexiones para un día nublado

Egipto. La instantánea de la historia.

Aceptemos como válida la siguiente frase: "en sistemas dinámicos, cualquier acción puede desencadenar resultados indeterminados". Sí, teoría del caos.

Luego hagamos la metáfora correspondiente: las sociedades como sistemas dinámicos, en los que un evento X puede desencadenar consecuencias de dimensiones nunca previstas. Ahora vayamos a Egipto.

Después de dos semanas de protestas ininterrumpidas, los egipcios lograron que Hosni Mubarak, el presidente que gobernó los destinos del país árabe por más de tres décadas, dejara el poder. Agobiado por presiones contradictorias desde todos los flancos, Estados Unidos, Argelia, Yemen, Arabia Saudita, Consejo de las Fuerzas Armadas de Egipto, el "pueblo", la opinión mediática internacional, etc., Mubarak -seguramente sin desearlo- construyó su ironía final, por la que será recordada su dimisión: escapó a hurtadillas menos de 24 horas después de decirle al mundo que no renunciaría.

Al conocer la noticia, miles de personas salieron a las plazas de El Cairo, Alejandría, Suez a celebrar, y millones de no-egipcios se llenaron de júbilo y alegría por un país que remotamente conocen, endiosados por una instantánea de la historia que les tocó vivir, animados por una situación que es más compleja de lo que parece, víctimas del show mediático y la sensiblería que situaciones así producen a menudo. Hollywood con acento árabe.

Porque sí, aceptémoslo, estamos ansiosos de historias así: el pueblo bueno contra el dictador malo. Si se va el dictador, el pueblo bueno será feliz. La ecuación es tan sencilla que todo mundo la entiende y puede opinar al respecto. Lo que geográfica y conceptualmente es una situación lejana y compleja, se vuelve cercana e inteligible. Y entonces sí: opiniones inmediatas, al calor del momento, porque el escándalo se acaba y no hay que dejarlo pasar.

El tema, además, puede simplificarse a una lucha entre absolutos (Bien vs. Mal), donde no hay lugar para mayores reflexiones ni análisis, y pareciera que lo único deseable es que gane el Bien, sea como sea, cuanto antes mejor.

Pero lo cierto es que la realidad siempre es más compleja y una renuncia no significa mucho en términos relativos o absolutos y eso es algo que, a mi parecer, en México tendemos a olvidar con relativa frecuencia. Pensamos que descartada la persona-símbolo que concentra nuestros odios más viscerales, las cosas deben marchar bien automáticamente. Lo pensamos en el 2000, cuando se fue el PRI de la presidencia, muchos lo desean desde 2006 con Calderón (o AMLO, Elba Esther Gordillo, Peña Nieto, Ebrard, o quien usted quiera), pero seguimos sin darnos cuenta que no es tan sencillo. Por eso el caudal de opiniones de mexicanos vociferando: "¡Fuera, Mubarak!", y por eso los miles de deseos de mexicanos distraídos "Si los egipcios lo lograron, nosotros también podemos".

Regresando a Egipto. La renuncia de Mubarak no significa la eliminación de la pobreza, la corrupción y la falta de oportunidades. ¿Alguien puso atención a las demandas de los egipcios, más allá de la renuncia? ¿Sí? Los médicos, burócratas y transportistas, más una buena parte de los sectores clasemedieros, se unieron a las protestas no por el tiempo que llevaba Mubarak en el poder, ni para clamar por la democracia, sino simple y llanamente porque querían que les elevaran sus salarios, que su calidad de vida aumentara significativamente.

Se fue Mubarak, e independientemente de quien llegue será imposible cumplir esas exigencias económicas en el corto plazo. Y entonces ojo con la verdadera revolución: el cambió mental que estas protestas operaron en las conciencias de los egipcios. De ser una sociedad mayormente apática y apolítica, es posible que de ahora en adelante se interesen mucho más en los asuntos de la vida pública, con una mirada crítica y desafiante. Para bien o para mal, también puede darse el caso que a cada exigencia no cumplida se intente castigar al responsable con la presión callejera, desembocando en más caos y presión para la exhausta economía egipcia. Ya el tiempo dirá.

Otra evidencia de la incertidumbre: uno de los grupos más visibles que pedían la renuncia de Mubarak resultó ser la Hermanada Musulmana, grupo islamista radical que asesinó de forma espectacular a Anwar Al-Sadat, presidente que firmó el Tratado de Paz entre Egipto e Israel. ¿Las principales críticas de la Hermandad Musulmana? ¿Qué Mubarak era corrupto, que llevaba mucho en el poder? No, por supuesto que no. Que era aliado de occidente y había llevado al país a perder sus valores musulmanes. Cabría suponer, entonces, que la Hermandad Musulmana tendrá mayor protagonismo en la esfera política en los próximos meses y años. Al menos que dejarán de ser considerados un grupo ilegal. Y eso ya es un paso enorme. Si bien es cierto que la Hermandad Musulmana ya no es tan purista y dogmática como lo fue en los sesentas y setentas, siempre cabe la posibilidad de que un integrista islámico pretenda catapultarse desde esta nueva posición de fuerza.

Termino, con una mención para aquellos mexicanos que se preguntan "si Egipto pudo, ¿por qué nosotros no?". Frases sencillas: porque los egipcios decidieron salir a las calles, no mandar mensajitos valientes y arrojados desde sus computadoras en casa, no discutiendo ¿cómo le hacemos?, sino actuando llevados por el fulgor del momento que costó más de 300 vidas (¿aquí están dispuestos a arriesgarla para que salga Calderón?), motivados por una ira irracional que se centró en una frase que logró aglutinar todas las demás exigencias: "Fuera Muabarak", misma que no garantiza, en términos reales, cambios significativos para las personas de carne y hueso que salieron a protestar.


sábado, 29 de enero de 2011

La chispa y la flama


Tengo un blog en el que suelo guardar notas, videos y todas aquellas páginas que encuentro interesantes, con el objetivo de no perderlas del todo y volver a ellas cuando así se requiriera. Hoy, 29 de enero, estaba haciendo lo usual: guardando crónicas, notas, ensayos y videos sobre los actuales sucesos en Túnez, Egipto y Yemen, pero me di cuenta que las imágenes y reflexiones sobre estos acontecimientos deberían conocerse lo más ampliamente posible.

Como ya la mayoría sabe, o debería de saber, gran parte del caos que reina ahora en los países árabes comenzó el 17 de diciembre de 2010 con un acto de desesperación en Túnez, cuando Mohamed Bouazizi, joven informático reducido a vendedor ambulante, se inmoló frente a los edificios de gobierno de su localidad, luego que policías le confiscaron su puesto ambulante, su única forma de subsistencia.

Esa fue la chispa que desencadenó las protestas en todo el país. Menos de un mes después, el 14 de enero, tras cien muertos, decenas de heridos y detenidos, el movimiento social que exigía cambios radicales dentro del régimen tunecino lograba lo imposible: derrocar al autócrata que llevaba más de 30 años en el poder: Zine El Abidine Ben Ali.

Las imágenes son impresionantes. Acá una fotogalería de The Boston Big Picture: por favor vean las fotos 4, 14, 16, 25 y 30. Son enormes y describen todo.

La chispa, esa acción desesperada causada por un ambiente económico adverso, cruzó las esferas políticas y sociales, y las protestas se acompañaron de peticiones de democracia, libertad y fin del régimen autoritario que encabezaba Ben Ali. Incluso cuando éste escapó del país, las protestas continuaron hasta lograr que la mayoría de su gabinete también dimitiera.

Pero otra cosa igual o más impresionante aún: el efecto dominó. La chispa que enciende la flama en toda una región. Ahora mismo estamos viendo, valga la burda comparación, un 1968 del mundo árabe. Miles de habitantes de Egipto, Yemen, Jordania han tomado la bandera de las protestas tunecinas: libertad, democracia, un nuevo régimen, y han salido a las calles a presionar a sus gobernantes, a exigirles cambios, a decirles que están hartos de sus gobiernos y que están ahí, sin miedo, dispuestos a enfrentar las cargas represivas de la milicia y la policía. Y esa cuestión es fundamental: pueblos que eran considerados apáticos -políticamente hablando- han despertado con un vigor y una valentía dignos de reconocérseles. Lo han hecho sin la guía explícita de UN líder visible, sino con el ímpetu y empuje de miles de ciudadanos que han logrado articular exigencias políticas y sociales básicas. El hartazgo, manifestándose, en miles de voces espontáneas que gritan al unísono: "Ya basta".


(En medio de las protestas más violentas en años en Egipto, manifestantes toman un momento para rezar)

El Egipto de Hosni Mubarak, otro autócrata con más de 30 años gobernando, está sufriendo ahora mismo las convulsiones sociales derivadas de este efecto dominó. Y todo el mundo observa.

Se me hace interesantísimo pensar en las presiones contradictorias que debe estar enfrentando Mubarak ahora mismo. Por un lado, los países occidentales, aparentemente, presionan para que no haya derramamientos de sangre y se cumplan algunas de las exigencias de libertad y democracia que claman los manifestantes. Otros países árabes de la región, estoy seguro, exigen a Mubarak que no le tiemble la mano y reprima a sus manifestantes, que sea él quien se manche las manos para mandar un mensaje a los demás países: "tengan cuidado, las protestas contra el gobierno acaban mal, si no, miren a Egipto".

Estos dos videos me pusieron la piel de gallina. Si quieren ver más, den click acá.
O acá si quieren ver la fotogalería de The Boston Big Picture sobre Egipto: increíbles y asombrosas fotografías.











domingo, 5 de septiembre de 2010

El "movimiento coordinado"

A todos les ha pasado: el post que saben que TIENEN que escribir pero que no sale, que se niega a ser puesto en caracteres y palabras. En este caso, creo que la razón es obvia: más allá de la falta de tiempo, escribir sobre un tema o proyecto que puede ser tomado a burla, juego, pendejada, que lo mismo puede generar apoyos idealistas que ofensas hirientes es mentalmente complicado. Sí, en ocasiones da un poco de miedo, vergüenza, qué sé yo, eso de "exponerse" en la palestra pública con un tema "serio" cuando el espíritu de los tiempos virtuales está dominado por la trivialidad, el trolleo y la crítica ad hominem.

Pero no podía esperar más. El día simbólico del "levantamiento" ha pasado (23 de agosto) y en el fondo sé que quiero dar una breve explicación a aquellas nueve personas con las que me reuní casi cada sábado durante más de tres meses y los casi 60 amigos, conocidos y desconocidos con los que platiqué, que me recibieron y me dieron sus opiniones. De paso, contarles a los que no pude contactar, a los que no conocía en ese momento, o que aún no conozco, de qué se trataba este proyecto y, así, reflexionar por qué creo que no funcionó, qué nos faltó. Pienso que este escrito será una forma de recordar(me) que los desalientos son más comunes de lo que quisiéramos, las derrotas una variable constante en la vida, pero que no por eso uno deja de creer, o al menos no debería dejar de creer, en que lograr "cambiar algo" (para bien) es posible. Como la extensión de este escrito es un poco larga, decidí dividirlo en varias secciones. La idea. Las entrevistas. El equipo. El plan. Los obstáculos. Vayamos pues.

1. La idea.

Sonará estúpido, pero así fue: el 7 de enero de 2010, en la madrugada, leía las memorias de Lawrence de Arabia. Al hablar sobre los turcos-otomanos [que habían sojuzgado a los distintos pueblos árabes por siglos], Lawrence decía:

“los líderes turcos enseñaron a los árabes que los intereses sectarios eran más importantes que los patrióticos, que los pequeños intereses eran superiores a los de interés nacional”.


[Oh, sí, las tribulaciones de Lawrence son muy aleccionadoras]

Al leer tal frase no pude sino pensar en México. En toda su historia de descalabros y desfalcos, de traiciones, de héroes que se vuelven villanos, de políticos que olvidaron o nunca buscaron el “interés nacional” y de líderes sociales que sucumbieron ante el poder, la autocomplacencia o el egoísmo. Sentí una vergüenza muy grande.

El pensamiento era más o menos obvio: en México, nuestros dirigentes nos han enseñado, con sus actos, que los intereses de grupo, las afrentas y los egos personales son más importantes que la búsqueda de los puntos en común, las coincidencias fundamentales que podrían ayudar a trazar un camino compartido a mediano y largo plazo, benéfico para el país en su conjunto.

Pero no todo puede ser culpa de las élites políticas. Si bien los actos políticos se vuelven ejemplo y costumbre, la sociedad, la ciudadanía, nosotros, tampoco hemos hecho mucho para cambiar las cosas. Estamos más acostumbrados a vociferar, exigir renuncias, repartir mentadas de madre, que a promover, plantear, forzar acuerdos entre todos esos distintos actores que, en teoría, trabajan para nosotros y para el bienestar de México.

Quizá, por qué no, era hora de cambiar de paradigmas mentales. En vez de echarle la culpa del atraso del país al otro, entender sus planteamientos. En vez de debatir ad nauseam quién tiene las mejores propuestas y remarcar las diferencias, encontrar el espacio para sacar adelante aquellos puntos en común. ¿Qué pasaría si desde la sociedad, en vez de exigir que UN dirigente, UN partido, UN político renunciara, promoviéramos que MUCHOS cedan en sus particulares áreas de influencia, en ejes bien delimitados, pensando en el bien del país, su recuperación económica, etc.? Y entendiendo que de hacerlo no lo harían por bondad o benevolencia, sino por un claro razonamiento político: el país está de la chingada y si seguimos así no llegaremos absolutamente a ningún lado.

Aquí es necesario un paréntesis. Por supuesto que detesto a ciertos políticos, empresarios, líderes sindicales o religiosos. Pero seamos realistas: nos caigan bien o no, los odiemos o no, los Calderones, AMLOs, Elba Esthers, Beltrones, Ebrards, Azcarragas, Esparzas, etc., son nuestra “materia prima política”, son los que están (y aunque no estuvieran ellos llegarían rápidamente otros con características similares), y son los que pueden, en dado caso, tomar decisiones que impacten positiva o negativamente al país. No podemos inventarnos demócratas de la nada, ni clonar a Lech Walesas o Mandelas y traerlos a trabajar en nuestras instituciones. Esto es lo que tenemos y algo habría que hacer con ellos.

Y bueno, el pensamiento concluía así: para colmo, este año todos los políticos, sin distingo de partido o ideología, se llenarán la boca con discursos grandilocuentes diciendo hasta el cansancio que “México es un país que sabe salir adelante cuando se une”; “somos más fuertes que nuestros problemas”, “el pueblo mexicano sabe luchar por lo que quiere”; “nuestras similitudes son más grandes que nuestras diferencias” y más bla, bla, bla, bla, bla bicentenario y revolucionario.

Pues sí, hasta aquí no hay nada nuevo bajo el sol. Pero mi mente siguió pensando y vinieron como de golpe una serie de preguntas, las más importantes:

¿Cómo aprovechar, entonces, este momentum político, y forzar un acuerdo, un pacto nacional entre actores políticos, poderes fácticos y ciudadanos en donde se acepte que seguir administrando inercias no nos llevará a ningún lado?; ¿cómo lograr definir una agenda compartida cuyo propósito último sea salir de este punto muerto en el que se encuentra buena parte de la vida pública mexicana?; ¿cómo pedir que se identifiquen ya no sólo problemas, ni diagnósticos, sino soluciones posibles a mediano y largo plazo? y –lo más importante- ¿cómo lograr que se trabaje sobre ellas sin importar si en el 2012 gana Ebrard, Peña Nieto, AMLO, Creel, o quienquiera que sea? Mi respuesta llegó de botepronto.

2. El plan. Primera parte.

El planteamiento hasta aquí expuesto, sobra decirlo, es poco original, bastante ingenuo, y sin mecanismos operativos específicos. Es como decir: “cambiemos el mundo, logremos la paz mundial”. Ajá, ¿cómo? Movido por ánimos y energías muy variadas [desde el afán social de “hay que hacer algo”, la consideración histórica de “no hay que dejar pasar este momento”, hasta la torpe necesidad de no extrañarte] comencé a reunirme con varias personas, a las que les iba exponiendo el boceto o el borrador de la estrategia que se me había ocurrido. El “plan de acción” tenía básicamente los siguientes elementos:

a) Hacer una lista plural -en cuestión ideológica y partidista- de reconocidos funcionarios y especialistas en temas de educación y salud pública, economía y combate a la pobreza.
b) Solicitar a los especialistas que respondieran unas breves preguntas (que aparecen más abajo).
c) Identificar los puntos en común que pudieran existir
d) Convencer a un buen número de periodistas, académicos, investigadores, columnistas, blogueros y tuiteros de todos los estados de la república a participar en un “movimiento coordinado”.
e) Fijar un día X para el “alzamiento”, que consistía básicamente en difundir por distintas vías y métodos una exigencia: “no hay nada que celebrar, pónganse a trabajar por el país”; y al mismo tiempo lanzar una idea simbólica: “miren, todas estas personas acuerdan en estos puntos, saquen la voluntad política y actúen”.

[Sí, el "plan" tenía su vena conspirativa y revolucionaria, pero sin muertos ni balazos.]

3. Las entrevistas.

Como ya dije, durante un mes me reuní y platiqué con algunas decenas de personas sobre estas ideas. Mi esperanza era encontrar a aquellos que quisieran aportar, sumarse y aterrizar la parte estratégica de todo esto, pues es lo que menos claro tenía. Es difícil mencionar todas las pláticas, pero fueron de muchísima utilidad. Por supuesto, todos tenían prácticamente las mismas dudas y salvedades “está cabrón, nadie te va a pelar, ¿cómo le vamos a hacer?”, pero al final, casi siempre, escuchaba esta frase: “a pesar de que suena muy difícil, es peor no hacer nada, cuenta conmigo”.


De todas las entrevistas, la más extraña, sin duda, fue la que tuve con Miguel Carbonell, ahí en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Los primeros minutos fueron sumamente amables, hasta que mencioné que, según yo, mucho del inmovilismo que vivía México en cuestión política, económica y social, tenía que ver con una falta de voluntad política de los actores que podían tomar las decisiones importantes. Ahí me atajó y me dijo que no era una cuestión de voluntarismo, sino de cambiar el régimen, que no me fuera por las ramas y que le entrara al toro por los cuernos y remató: “tú lo que tienes que hacer es proponer una reforma del Estado (!)”. “Pero ya hay muchas propuestas, varias bastante buenas”, le dije. “Qué más da si hago otra, el chiste es aprovechar estos tiempos, la inercia del 2010”, seguí. Y entonces me lanzó una letanía de que “tú lo primero que debes hacer en enclaustrarte dos meses con todos los libros sobre reforma del Estado que puedas conseguir y entonces plantear tu alternativa, entrar así al debate, así hice yo y así DEBES hacerlo tú”. Discutimos cinco minutos más sobre los puntos encontrados y, de pronto, entendí que la plática se había terminado. Me despidió un poco seco pero con la sonrisa magnánima de quien se sabe superior. Sobre esto opino lo siguiente: hablar con Carbonell fue todo un reto, una experiencia aleccionadora. Sobre todo, me hizo ver más clara la diferencia entre los abogados y los politólogos. Los primeros creen que con buenas leyes se puede resolver prácticamente todo. Los segundos, algunos, tendemos a creer que primero es necesario un acto de voluntad –una negociación política- que permita 1) la creación de dichas leyes y 2) su pleno y correcto funcionamiento, de lo contrario de nada sirven.


La segunda plática que mencionaré fue virtual y fue con Chilangelina. Debo confesar que nunca había “hablado” con ella anteriormente, ni siquiera cuando estuvimos en aquella fiesta extraña [¡en su honor!] que se llevó a cabo en un roof garden de la Narvarte. Pues sí, ustedes la conocen, la buena Chila es implacable, sus preguntas pueden ser ácidas pero sus observaciones son siempre atinadas. Hablar con ella y responder sus cuestionamientos me ayudaron a darme cuenta de muchos aspectos que simplemente había olvidado. Por ejemplo: la importancia de los tiempos políticos. No es lo mismo hacer un escándalo en marzo que en agosto, cuando el Congreso está en receso y las notas políticas son más escasas. Pero lo más importante fue esto: “Jordy, estamos hasta la madre de enunciación, los políticos escuchan un reclamo y no hacen nada, ¿por qué? porque no tienen que rendir cuentas a nadie. Una iniciativa así sólo tendrá éxito si contempla forma y fondo, corto y largo plazo. La RESPUESTA está en la gente, es necesario que sepamos que nosotros podemos –exigiendo cuentas claras, supervisando el trabajo de los políticos, votando a conciencia- cambiar las cosas.”

Esa frase, creo, es la que hasta el día de hoy me sigue atormentando. Si bien todos, o casi todos, podemos compartir su significado, responder a la pregunta ¿y cómo hacerlo? es sumamente complicado. Hace unas semanas platicaba algo similar con Kyuutz por Twitter: ¿cómo ampliar los canales de debate?, ¿cómo politizar a los que nunca les ha interesado la política?, ¿cómo mostrarles el “poder” que tenemos como ciudadanos? Hasta el día de hoy sigo sin tener una respuesta clara. Para el plan, yo quería que hubiera obras de teatro callejeras, cortos cinematográficos, performances en las plazas públicas, etc., explotando estas ideas e intentando responder estas preguntas, pero ya veremos qué obstáculos hubo. Sé que existen esfuerzos varios de personas como Maite Azuela, Alberto Serdán, y otros amigos activistas cuya intención es “empoderar”, “activar” a los ciudadanos, pero el proceso siempre es nebuloso. Peor aun cuando nos detenemos un momento y pensamos “¿realmente estamos dispuestos en andar correteando a nuestros políticos? Ante la vastedad de problemas que hay en México, se me hace entendible que el ciudadano común pierda el aliento y prefiera quedarse impávido. La inacción es más costosa a largo plazo, pero menos estresante.

4. El equipo.

En fin, luego de decenas de charlas virtuales y en persona (muchos de ustedes las recordarán), me di cuenta que necesitaba tener perspectivas diferentes sobre los temas que quería abordar y decidí armar un pequeño grupo de trabajo. Sí, lo sé, la selección fue sumamente arbitraria, pero tomando en consideración cuestiones tan evidentes como 1) disponibilidad para asistir a una junta una vez a la semana, 2) entusiasmo mostrado, 3) formación académica y profesional, el pretendido grupo quedó integrado por nueve personas. Entre nosotros había antropólogos sociales, pedagogos, politólogos, periodistas, funcionarios del gobierno federal y local, gente de izquierda, derecha y centro.


[Nunca hubo una foto de los diez reunidos, a veces faltaban, a veces se colaban]

5. El plan. Segunda parte.

Durante poco más de tres meses nos reunimos unas nueve veces, con la idea de hacer operativo el boceto del “plan”.

Lo primero que hicimos fue definir cuatro áreas de interés nacional en donde, pensábamos, debían de concentrarse los esfuerzos de las distintas fuerzas políticas, económicas y sociales del país: a) salud pública, b) educación, c) combate a la pobreza, d) crecimiento económico.

De igual manera, definimos cuatro sectores o grupos que desempeñarían un papel importante llegado el día X: 1) Grupo plural de especialistas en los temas arriba señalados. 2) Círculo rojo, conformado por 30 analistas, columnistas, periodistas de alcance nacional, más 62 periodistas, analistas o columnistas locales, 2 por cada estado de la república. 3) Círculo verde: grupos de la sociedad civil, talleres de arquitectura, colectivos de teatro, blogueros, tuiteros, ciudadanos de a pie. 4) Periodistas internacionales.

A grandes rasgos nuestra idea era la siguiente:

Hacer una lista de especialistas (que quedó bastante chingona) y plantearles que respondieran las siguientes preguntas:

“Si usted tuviera un poder de decisión amplio en [área específica], nos gustaría que respondiera las siguientes preguntas desde una perspectiva objetiva, realista y viable, tomando en cuenta los alcances y límites actuales de la vida política y económica del país:

¿Cuáles son, a su entender, los principales problemas y debilidades del [área específica] en México?

¿Qué acciones posibles se deberían de tomar, o qué haría falta recuperar, mantener o fortalecer para atender esta área en el mediano (2012) y largo plazo (2020)?

¿Qué actores en específico, desempeñando qué rol, y con qué recursos tendrían que intervenir para llevar a cabo las acciones propuestas en dicha área?”

Es importante mencionar que la tercera pregunta era la fundamental. Queríamos que se planteara de manera directa qué personajes, grupos, actores tenían que intervenir y haciendo qué específicamente para mejorar dicha área. Todos conocemos planteamientos y propuestas que pretenden mejorar, por decir algo, la educación en México, pero por lo general se habla al aire, en abstracto, sin decir de frente quiénes son parte del problema y cómo pueden ser parte de la solución.

En fin, una vez con las respuestas de los especialistas, nosotros generaríamos una especie de documento que sería distribuido al “Círculo rojo”, quienes ya sabrían de antemano de qué se trataba todo este plan. Además, prepararíamos distintas acciones colectivas con el “Círculo verde”, con la idea de que a partir del día X [que iba a ser en agosto, preferentemente el 23], hubiera en todo el país tanto columnistas, periodistas de radio, y demás analistas políticos como grupos de teatro, blogueros, tuiteros, etc., haciendo énfasis en que es necesario –y posible- lograr un pacto nacional en las áreas definidas y que ahora es el momento para intentarlo [justo después de las elecciones de julio y antes de que se nos venga encima el proceso electoral del 2012].Por último, algunos amigos periodistas desde el extranjero también intentarían generar algún tipo de atención mediática sobre este "movimiento coordinado". Esto se haría no sólo a través de columnas de periódico o programas de radio, sino también mostrando imágenes de carteles y mantas que, supuestamente, iban a ser colocados en sitios estratégicos de estos otros países. La realidad nos abrió los ojos muy rápido.

6. Los obstáculos.

Como ya todo mundo podrá imaginarse, las cosas no salieron como esperábamos. Primero fue Luis Urquieta, estudiante de derecho y mi mejor amigo, el que ya no pudo acompañarnos a las reuniones. Luego otros dos más cayeron a la mitad del camino. El grupo avanzaba pero sin una ruta clara: nos entrevistamos con Andrés Lajous y nos dimos cuenta que más allá del famoso día X, no teníamos claro el mecanismo para hacer que las propuestas o planteamientos de los especialistas se volvieran acuerdos, pactos escritos, leyes y demás. ¿Qué haríamos? ¿Foros de discusión? ¿Mesas redondas? ¿Un nuevo "Pacto de Chapultepec como el que convocó Slim hace unos años y terminó siendo nada?

Evidentemente, ese fue uno de nuestros mayores problemas, el nunca definir ese "mecanismo". Llegó el momento en que tuvimos que decidir que llegaríamos al día X y dejaríamos que las cosas tomaran el rumbo que pudieran: que nosotros no teníamos ahora mismo los elementos como para delimitar con claridad el proceso formal que se tenía que seguir. Error garrafal. Al no tener esto claro, nosotros mismos nos empezamos a dar cuenta de lo tremendamente complicado que es intentar encauzar, motivar, coordinar fuerzas para una meta un poco intangible. Sí, sí, todo mundo quiere que el país vaya mejor, pero otra vez... ¿cómo?

El segundo problema: la real o supuesta falta de tiempo. Una vez definida nuestra lista y nuestras preguntas, el próximo paso era ir directamente a hacer una especie de entrevista a cada uno de nuestros especialistas seleccionados. Y he ahí que nunca se logró armar un grupo para ir y hacerlo de manera ordenada y metódica. Comenzamos a aplazar, aplazar hasta que el impulso se nos fue a todos.

El tercer gran escollo: nuestras "áreas temáticas" eran demasiado grandes. El tema de salud pública, por ejemplo, podía tratarse desde una infinidad de perspectivas. ¿Salud reproductiva? ¿Jóvenes y adicciones? ¿Obesidad en los niños? ¿Seguridad social universal? Si bien al final decidimos limitarnos sólo a la cuestión de la seguridad social, el tema se nos comenzó a resbalar. Si bien todos teníamos algún tipo de conocimiento de las problemáticas más evidentes, la falta de datos claros y concisos nos llevó a perder tiempo valioso.

Otro problemilla, que aunque parece menor no lo es: las luchas de egos entre "especialistas". Cuando en alguna ocasión me tocó entrevistarme con un "señor académico" y me preguntaba entusiasmado que en quiénes más había pensado para este plan, mis respuestas lo hicieron cambiar de opinión. "Pero cómo puedes pedirle a fulanito de tal que participe, si no tiene los méritos suficientes... y qué me dices de menganito... si es un derechoso insufrible". El cambiar a nuestros políticos a que dejen sus grillas también implica pasar por todos nuestros demás sectores de la vida nacional. Qué absurdo y pesado puede parecer, pero es real.

Finalmente, creo que la falta de recursos tales como "tiempo", "equipo", "dinero", "red de contactos", también nos acabó por desmoralizar. Era una empresa tan grande, extraña y compleja que todos nos fuimos dando cuenta de lo difícil que sería lograr que personas de la talla de Juan Ramón de la Fuente, Santiago Levy, René Drucker, Ricardo Raphael, etc., quisieran comprometerse a participar en algo tan nebuloso.

A principios de abril el grupo terminó por desintegrarse y el plan perdió todo cauce. Por unas semanas jugué con la idea de sacarlo adelante en solitario, volver a formar otro grupo, lo que fuera, pero sentía que también necesitaba un tiempo de reflexión. Mis principales apoyos morales se habían alejado un tanto de mí y no me sentía con las fuerzas necesarias para enfrentarme a esto solo. Como buen ser humano, cobarde y pusilánime, dejé que el "movimiento coordinado" quedara como un bonito experimento de tres meses y poco más. La idea de hacer esto a gran escala, en algún momento posterior, se mantiente en mi cabeza, pero ya sin lo idílico y lo romántico de "hagamos la revolución de las conciencias". Todo a su tiempo, dicen. ¿Cuándo será el nuestro, pues?

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Si me permiten, me gustaría hacer una lista con las personas que pude hablar de todo esto. Pero mejor pregunto, no vaya a ser la de malas. Por DM o por Facebook mándenme un mensaje si prefieren no aparecer en la lista que pondré mañana.

sábado, 3 de julio de 2010

Lo que uno encuentra en las carpetas más insospechadas

Introducción innecesaria:

Tres años ha, que una jornada venturosa por Europa, sin jumento ni rocín, este hombre inculto emprendió. Lances intrépidos y andanzas varias, olvidadas están, mas destas, una renació. Sea de vuesa merced aqueste video agradable, pues de ti, Dulcinea inmerecida, pensándote todavía estoy.
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Los recuerdos yacen en el fondo del océano, cual Luca Brasi.





miércoles, 2 de junio de 2010

Las estampitas que no curan o de la volatilidad anímica

Es impresionante lo rápido que podemos cambiar de ánimo. Sí, de verdad lo es. Hace unas horas estaba muy, muy feliz: luego de casi dos meses de estar buscando una reunión con la "jefa" por fin sucedió hoy. Todo salió mucho mejor de lo que pude haber imaginado en mis sueños más inverosímiles. Hablé sin prisas, me escuchó con atención, le gustó el proyecto, se emocionó con él, me dio sus comentarios y ¡gracias al cielo!, me cambiaron de "área", por decirlo de alguna manera. Al salir de la junta pensaba: "ha sido excelente esta reunión". A la hora de la comida fui a una cantina con G. y platicamos harto sobre esto y aquello, comí un caldo de res buenísimo y una torta de pierna y queso fantástica, tomé dos chelas XX Lager Ambar (mis favoritas), y todo por 58 pesos. Mejor, imposible. De regreso a la chamba hubo una junta más, ahora sobre un proyecto en Berlín, ciudad que añoro, y también salió a pedir de boca.

Como diría Luis Frost: corte a mí en el metro, caminando con más pena que cansancio. Y entonces, sin más, regresaron estas ansias, este coraje, esta tristeza que no se va del todo. Este dolor que llega, incomoda, sale a pasear y vuelve. Y lo peor es que no se trata de "algo" específico, una discusión mal habida, una persona alejada, una relación perdida, sino de una aglomeración de pequeñas y grandes cosas que no me dejan en paz. Pueden reírse, yo igual lo hago, pero les platico: la forma que encontré para distraer momentáneamente estos pensamientos ha sido pegar estampitas. Sí, en serio. Solamente en 1994 tuve un album del mundial y ahí lo compré porque todos mis amiguitos lo tenían. Pero hace un mes y medio, cuando lo conseguí, fue con la intención completamente consciente de hacer de ese "estúpido" ritual (que incluye gastar dinero a lo wey) una de mis distracciones más leales, una fórmula para evadir por algunos minutos aquello que no quiero saber, un placebo impráctico para no pensar-lo, para no juzgar-nos, para no extrañar-te. Como se ve, ha fallado su misión, dado que el dolor sigue aquí, insistente y profundo, y no se marcha. Hoy día, ni todas las estampitas del mundo me alcanzan para dormir tranquilo.

Termino: desde hace un año siento como si estuviera de pie sobre un gran tombling, solamente tensando los resortes, esperando. Con cada pequeño "triunfo" el tombling se tensa más, pero nada se mueve. Llevo meses esperando ese gran salto. Que ya suceda, por favor.

viernes, 28 de mayo de 2010

Concierto

Es tarde, tengo sueño y en pocas horas debo levantarme. Sin embargo, no quería dejar de escribir al menos una lista de las ideas y pensamientos que tuve esta grata noche. Resulta que hace unas semanas mi hermano me avisó que había comprado boletos para el segundo concierto de Paul McCartney y que su plan era que fuéramos él, mi madre y yo. Asentí, sin prestarle prácticamente nada de atención al asunto y así pasaron los días, con una emoción escasa por el multicomentado evento. Y así continúo todo, hasta que estuve ahí, las luces se apagaron y salió el ex Beatle al escenario.

No hablaré del concierto en sí. Con certeza ya otros dirán con mucho mayor tino y coherencia cómo disfrutaron el setlist que interpretó el señor McCartney y cómo sus vidas cambiaron al escuchar tal o cual canción en vivo, etc. Además, ¿para qué hacerme wey?, sé perfectamente que la música no es lo mío, y aunque conozco y me gustan varias canciones de los Beatles (¿a quién no?) nunca podría decir que es uno de mis grupos favoritos. Y no, tampoco inicié la ola en esta ocasión.

Básicamente sólo quería mencionar tres cosas:

1) Fue sumamente extraño, curioso y bonito ver a mi mamá tan emocionada al ver a su ídolo de juventud. Gritó, bailó y aplaudió como buena fan y soportó sin quejarse un sólo segundo por la insistente lluvia que cayó sobre nuestras cabezas. Esto último es importante porque mi madre es de aquellas personas que creen que por tres gotas de lluvia uno se enferma automáticamente. En fin. Desde la primera canción no dejaba de decirnos a mi hermano y a mí: "no lo puedo creer, estoy viendo a Paul McCartney". Y luego culminaba: "miren: tengo la piel chinita". Bien. Quizá lo que diré a continuación suene demasiado trágico (vaya, creo que es la primera vez que hablo de cosas tan personales en este espacio), pero bueno: no estoy seguro de volver a compartir una emoción de estas características con mi madre. No lo digo sólo por la edad, tiene ya 62 años, sino por la forma que tengo de relacionarme con ella y con mi familia. A pesar de que los quiero muchísimo, por lo general soy esquivo. Y creo que por eso mismo fue tan sorprendente estar ahí, con mi hermano y mi mamá, coreando al unísono las canciones más populares de Sir Paul y sentir una conexión que por lo general siempre falta. Eso me agradó mucho.

2) Aunado a esto, no pude evitar imaginar cómo sería que un hipotético hijo o hija me invitara a mis sesenta y tantos años a ver un concierto de algún grupo que me gusta actualmente. Fue chistoso pensar que no tengo un grupo que realmente me mate, y también pensé que para esas fechas seguramente los de Radiohead ya estarían más pa'llá que pa'ca, único grupo que, por ahora, se me hace el que tiende a ser mi favorito. Pero eso sí, hijos, si me están leyendo, por favor nunca me lleven a un concierto de Delfín hasta el fin.

3) Un señor, como de 70 años, que estaba dos filas delante de nosotros se pasó todo el concierto en un éxtasis permanente. Se supo todas las canciones y bailó hasta que su marcapasos explotó. Bueno, eso no pasó. Mala broma. Lo que sí es que iba con su esposa, me imagino que de la misma edad que él y también con uno de sus hijos. Cuando en un momento dado Sir Paul dijo "this is a song I wrote for Linda", y todo el público se emocionó y muchos lloraron y todo el show, ellos -el señor y su esposa- no pudieron dejar de abrazarse de una manera sumamente tierna. Se sonrieron y dijeron algo que malamente pude interpretar como "si yo hubiera sido músico, te hubiera compuesto esa misma canción". Se soltaron hasta después de varios minutos. Yo, luego de la frase de Paul y la imagen de estos señores, no dejaba de pensar que tener una "Linda" en la vida debe ser uno de los privilegios más increíbles que existen. Alguien que no sólo ames, alguien con quien no sólo juegues al enamoramiento, alguien con quien no sólo compartas momentos, sino alguien que te inspire, que admires, que te incite a ser y hacer más. Sentí un poco de tristeza al recordar que dos de las personas que más cerca estuvieron de convertirse en esa idea, en ese concepto, esa figura, están ahora por completo desaparecidas de mi vida.

Sé que esta noche es otra más, que cerraré los ojos y mañana hablaré de temas distintos y poco a poco se olvidará todo esto que está aquí. Y sin embargo, debo agradecer al Macarni que gracias a su concierto, múltiples y curiosos pensamientos sobre presente, pasado y futuro hicieron acto de presencia de una manera por demás amena. La lluvia fue lo de menos. Las canciones también. Esto, lo que permanece, va mucho más allá de gotas y notas musicales. Es la vida, que reclama su atención.

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Negar que te pienso a toda hora sería una mentira vil.


miércoles, 26 de mayo de 2010

Reacción

Arauco tiene una pena, dice Violeta Parra, y mientras repito el título de esa vieja canción de lucha no dejo de pensar que bien podría decir que yo también tengo una pena, una pena profunda que me lastima y que me duele como hace tiempo nada me dolía, pero luego recapacito y ya no digo nada, pues es claro que mis dolores y sobresaltos no parten de injusticias sociales o desencantos económicos, sino que provienen de lo más mezquino del alma humana: el despecho. Arauco tiene una pena, la frase se traba en mi mente como una tuerca que no permite el libre avance de las cosas; Arauco, Arauco tiene una pena y yo también. Las canciones nunca han sido mi fuerte, menos si son de protesta, pero ha sido gracias a ellas que he podido mantenerme cuerdo este último mes. Lo he pensado y sopesado una y otra vez, el despecho, mi despecho, este que siento y cargo aún en contra de mi voluntad tiene la capacidad de transformarse en una fuerza motora imparable, una razón para no cejar ni un ápice en mis proyectos, aunque también puede ser la excusa ideal para desentenderme del mundo y apostar a la única certeza que mal que bien todos conocemos: la muerte. Como se ve, la distancia que hay entre un orgullo herido, la desidia y la locura tampoco es tan amplia. Por eso debo hablar. Hablarte. Llego a tu casa, toco el timbre y sales. Llevas ropa nueva, unas botas negras y una blusa morada que no conozco pero que hacen contraste perfecto con tus ojos verdes, ésos que hacía más de un mes que no miraba. En breves segundos se define el clima de la situación: las convenciones de enamorados, ésas que siempre dábamos por hecho, ahora se resquebrajan. Frente a la incertidumbre del saludo, las manos que no se tocan, los labios que no se besan, la cintura que no se abraza, no hacemos otra cosa sino alzar un brazo a manera de hola. Silencio. Con un rostro que quiere ser amable y una voz modulada y serena me cuentas que justo estás por salir con tus amigos, que te encantaría hacerme pasar y platicar tranquilamente de todo esto que ha pasado, pero que es imposible ahora. Haces un gesto como animándome a decir algo, aunque la verdad no logro interpretarlo del todo. Te miro, por primera vez, directamente a los ojos y en mi mente sólo resuena el estribillo de la canción de Parra, esa chilena que todo lo compuso y que nadie comprendió. Arauco tiene una pena / que no la puedo callar. Suspiro y muevo la cabeza bruscamente a los lados, como negándome a creer que eso, una invitación trunca, es lo único que queda de aquella vieja historia, la de la extranjera, la del acento extraño, la del amor inconmensurable. Delante de mí está una persona que no es ella, la de mis recuerdos, y sin embargo eres más tú que nunca. Noto que la gente que camina por la calle va más lento que de costumbre, como si todos anticiparan que algo está por suceder ante sus ojos y tuvieran un deseo repentino de quedarse ahí de pie. Venga, será su día de suerte. De la mochila que siempre llevo saco unas hojas enrolladas, un sombrero que termina en punta y una pequeña corneta de juguete. Con manos temblorosas me pongo el sombrero, desenrollo las hojas (que intentan parecer un edicto medieval), y toco el instrumento musical que traigo conmigo. Te veo de reojo y entiendo que hay curiosidad en tu rostro. Quizá es morbo. Cómo no serlo si tienes ante ti la más absurda caricatura de un pregonero real en plena vía pública. Mis labios tiemblan y la voz no sale. Y cuando la sensación de ridículo está a punto de vencerme, comienzo: "Los pueblos y las gentes que en ellos viven tienen la innata capacidad de reconstruir lo que no ha sido exitoso. Punto. En ocasiones más vale demoler desde los cimientos, aunque en otras es posible mantener una estructura mínima y avanzar con nuevos trazos. Punto. Hace un año, en el día de San Alberto de Lovaina, noviembre 24, una extranjera llegó al reino, llenando de alegría las fiestas y bailes de la corte. Punto. Con ella muchos proyectos fueron concebidos aunque pocos terminados. Punto. Es de la más alta importancia reconocer, aquí y ahora, que las máquinas voladoras que traía consigo sufrieron desperfectos varios. Punto. No obstante, los deseos de volar permanecen. Punto final."

Reconoces la historia. Los ojos se cierran un momento con ganas de recordar ese primer encuentro. Se abren. Arauco tiene una pena / yo tengo una también. El despecho llegó a esta tierra / el orgullo vino con él. / Nadie le ha puesto remedio / pudiéndolo remediar.

Dudas un segundo y luego resuelves. Tomas tu teléfono celular, mandas un mensaje a un destinatario que no conozco, carraspeas un poco y sonriendo dices: "Entra".

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El silencio ha matado más hombres que el fusil.

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No fue sólo el trasfondo, sino el descuido en las formas lo que motivó el malparido enojo.


lunes, 19 de abril de 2010

Ficciones van, ficciones vienen

Bien podría decirte que te amo, que contigo el pasado y el presente se difuminan y que te extraño como hace tiempo no extrañaba a nadie. Podría, pero no lo haré, no porque no lo sienta, sino porque ya no tiene caso.

En mi mente todo se mezcla: tu sonrisa afable y tu mirada clara de hace más de nueve años se me confunden con la imagen de tu cuerpo desnudo y los sonidos de tus acalorados suspiros de hace menos de catorce días. Así son las noches de imprevistas. Tú tuviste una revelación, yo un desengaño. Uno habla, dice cosas, escucha lo que no desea, la cabeza se anega de recuerdos y al final se escribe un cuento, sí, un puto cuento. Porque así es la vida: tanto pinche amor, lágrimas y traiciones quedan reducidas a unas pocas palabras inconexas que no dan luz sobre lo que realmente pasó entre nosotros. Que no explican la ternura de los primeros abrazos. Las miradas furtivas. Los poemas escritos. Los besos siempre prohibidos. Nuestra eterna condición de amantes. Porque a pesar de los silencios intermitentes entre nosotros, eso fue lo que tuvimos: un "amor" que sólo podía existir en el entendido de que ninguno le pertenecía al otro, con la libertad como máxima y en donde no existían celos ni reclamos de ninguna índole. Sin preguntas y sólo con las respuestas necesarias.

Bien podría decirte que te amo, pero no lo haré. La frase me causa conflicto. Es la misma que dijimos cientos de veces a las personas que traicionamos, ellos, ellas, que también nos acurrucaban con esas palabras al caer la noche. Hoy, que hemos prometido no volver a vernos, no diré lo que nunca hubo necesidad de decir. Y en el fondo, lo sabes, prefiero que quede así, el mito, la leyenda alrededor de aquello indefinible y, por ende, ilimitado que viví contigo. Porque de todas las ficciones, la tuya fue la más real y prolongada. La única que valió la pena.

lunes, 29 de marzo de 2010

"Porque aunque no quieras, también te toca" 3

Me agrada que la sección "politicosa" de Desideratum comienza a afianzarse gracias a los blogueros que han decidido participar y a los lectores que van dejando sus comentarios. El siguiente es un post sobre política y libre mercado. Sin mayores introducciones, los dejo con el post de @kyuutz, el iconoclasta favorito de muchos de ustedes. Críticos del capitalismo salvaje, defensores del libre mercado: atásquense.

Falsas Libertades.

Por Kyuutz.

La economía y la política. Dos de las materias que resultan más estériles y aburridas para la inmensa mayoría de la población (incluso entre aquellos que se autodefinen como "cultos"). Hablando de odio generalizado de la población en un campo de estudio, creo poder afirmar que solamente las matemáticas generan más rechazo. Curioso: estamos hablando justamente de esos puntos que las personas que ostentan el poder dominan a la perfección, ya sea que hablemos de poder político o económico. Los grandes financieros son buenos matemáticos... muy limitados, pero buenos.

Se dice ahora que la información es poder. Yo digo que esa información solamente puede transformarse en poder real si estás colocado en el lugar correcto. Pero tiene un efecto que no es despreciable para el resto: si sabes aprovechar esa información, te conviertes en una persona a la que no engañan tan fácilmente, que sabe defenderse y que tiene una opinión racional. Y esto, nuevamente si se utiliza del modo correcto, tiene influencia en las personas que te rodean.

Una de las cosas por las que más deberíamos interesarnos es por el destino (aunque me cague la palabreja) de nuestro gobierno y de muchas empresas, y las acciones que toman para influir en nuestra vida. Yo no tengo nada en contra de la gente que se declara "apolítica", pero sí tengo mucho en contra de la gente que es rematadamente pendeja. Y dentro de este sector puedo mencionar a todos aquellos a los que conceptos como democracia, comunismo, libre mercado, dictadura y similares les suenan como a transformadas de Fourier explicadas en hebreo por un oso panda. No es lo mismo ser un "apolítico" informado que un pendejete que se tumba a ver 6 horas de televisión basura para después afirmar "psss es que eso de la política me da hueva y pss de todos modos no podemos hacer nada iraaaaa".

Uno de esos temas, probablemente el que más influye en nuestro modo de vida, es la teoría económica y el sistema conocido actualmente como "libre mercado" o "libre empresa."

Muchas personas se han preocupado por lograr sistemas democráticos en los países. Se argumenta que la democracia es uno de los mejores sistemas de gobierno y que mediante el consenso de las mayorías se puede definir el rumbo de un país (entendida como un conglomerado político-cultural), tomando en cuenta las opiniones de las minorías. Esto genera bienestar social, y sobre todo, se pueden vigilar los excesos de poder, que es una tentación frecuente entre las personas que gobiernan (elegidas por una mayoría de ciudadanos) ya que en cualquier momento pueden ser removidos por el mismo grupo social que los eligió. Eso es la teoría, claro.

Pero muy al margen de una discusión sobre la democracia, sus beneficios y sus fallas, existe la duda de si algo sirve dicha democracia política actualmente, si tiene injerencia entre quienes realmente detentan el poder. José Saramago mencionó en un discurso en 2002, durante el foro mundial de Porto Alegre (y perdonen por citar a una "vaca sagrada"... aunque quienes lo llaman así dudo que lo hayan leído a profundidad) ciertas palabras duras y lapidarias sobre la democracia (acá la cita entera):

[...] El elector podrá quitar del poder a un Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia.

Claro, los partidarios del libre mercado en su versión "extreme" dirán que esto no es cierto, que ese sistema económico es democrático, ya que permite elegir a los usuarios cuándo y qué comprar. Puede definirse como "un proceso en el que muchas personas actúan de manera individual, movidas por iniciativas personales, realizando intercambios entre sí y sin intervención gubernamental que oriente esas acciones." El gobierno no interviene de ningún modo, mas que para facilitar el campo para que esas relaciones comerciales se lleven a cabo sin contratiempos, y que todo mundo pueda adquirir lo que quiera en la cantidad que su sueldo lo permita y todo mundo será feliz porque podrá comprar muchas cosas y reinarán los cielos en la tierra y así.

Lindo, muy lindo. Pero hay que recordar las enormes diferencias entre práctica y teoría. En primer lugar, creer que todo lo que hace el estado es malo y que todos sus servicios son malos y que todo lo que hacen las empresas es bueno es una generalización idiota. En segundo lugar, hay que aprender que no todo es una mercancía.

No es un mecanismo puro el que determina los precios, ni el encuentro de oferta y demanda actuando sin relación alguna con su entorno social. El mercado siempre opera en un contexto social, y éste incluye normas legales y mecanismos reguladores. NO es un proceso perfecto. Y eso significa que está sujeto a los intereses de una compañía o muchas para que la balanza se incline a su favor, y dependiendo de su tamaño e influencia esto puede provocar que incurran en prácticas ilegales. Prácticas que debería castigar el gobierno, pero debido a la influencia y poder de algunas empresas, no lo hacen, o por lo menos no como deberían.

Microsoft, por ejemplo. El ejemplo recurrente de compañía exitosa, nacida en el seno de un sistema económico de libre mercado (o lo más parecido a ello). Ofrece productos a los consumidores, que aparentemente son lo que ellos buscan. Su éxito radica en la sencillez para manejar sus sistemas operativos. No es el mejor, pero es lo que los usuarios de computadoras quieren y tiene un éxito impresionante. Tanto, que en sus mejores momentos llegó a dominar hasta el 95% del mercado de software. Actualmente, se conforma con un miserable 89.62%. Si eso no es peligrosamente idéntico a un monopolio, entonces no sé lo que sea. Entonces, ¿dónde queda la afirmación de que el libre mercado impide los monopolios? Tiene que aparecer la odiadísima intervención gubernamental para aplicar las leyes antimonopolio. Que resultó fallida en la práctica. Fueron obligados a partirse entre las divisiones de sistemas operativos y las aplicaciones de internet. Pero el cuerpo central de la empresa sigue siendo el mismo. ¿Dónde queda la libertad para elegir, el mecanismo de oferta y demanda, las limitaciones a las compañías que abusan de su situación de poder para, por ejemplo, manipular juicios a su antojo?

Otra afirmación común es acerca de los enormes beneficios de estas inversiones en países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Claro, como en Nigeria; país al que Shell ha llenado de bondades, como contaminar masivamente el delta del Níger, provocando enfermedades en su población, sin hablar, claro, de la persecución sistemática a los opositores de los abusos de poder de la empresa (si, aunque ese término está tan relacionado al poder político). ¿El libre mercado solito va a castigar a la empresa de manera justa? ¿Shell le informa el modo en que obtiene petróleo a sus consumidores?

A mi parecer, no hay mejor defensora de este sistema económico que Ayn Rand (la cito a ella porque personajes como Milton Friedman o Francis Fukuyama me resultan francamente repulsivos). Y que me perdone Ayn, porque "The Fountainhead" es uno de mis libros favoritos de todos los tiempos. Así que hagamos un juego: mencionaré algunas de sus frases y veremos lo que puede decirse respecto a ellas:

  • "El capitalismo no es meramente práctico, sino que es el último sistema moral de la historia." Oh, claro, ya vimos que Enron, Microsoft, Shell, y Bayer, por sólo citar algunas, son muy morales. Ah sí, es que ella habla del concepto de "libertad individual", que me parece maravilloso, con la salvedad de que somos ANIMALES SOCIALES y en ocasiones debemos pensar en el bien común. Si, coincido con el individualismo, pero no hasta el punto de volvernos enajenados sociales. Para más referencias, consultar "El Mono Desnudo" de Desmond Morris, sólo como ejemplo representativo.
  • "Es el mercado libre el que hace imposibles los monopolios." Seguro que sí. Si funcionara de manera perfecta. Y NINGÚN sistema humano funciona de manera perfecta.
  • "El capitalismo ha sido el único sistema de la historia en el cual la riqueza no se ha adquirido mediante saqueo, sino mediante producción, no por la fuerza, sino mediante el comercio, el único sistema que ha defendido el derecho de los hombres a su propia mente, a su trabajo, a su vida, a sí mismos." LOL, ¿United Fruit Company, dice usted?
  • "El capitalismo ha creado los mayores estándares de vida jamás conocidos en el mundo. La evidencia es incontroversible. El contraste entre Berlín Occidental y Oriental es la demostración definitiva, como un experimento de laboratorio a la vista. Aún así los que más alto proclaman su deseo de eliminar la pobreza son los que más alto denuncian el capitalismo. El bienestar humano no es su objetivo." Pero señora, en el capitalismo siempre habrá ricos y pobres, no puede haber eliminación de la pobreza, eso es una falacia. Siempre habrá empresarios y empleados, y estos últimos están obligados a vender su fuerza de trabajo a precios irrisorios, porque están determinados por oferta y demanda, y en un sistema de competencia tipo pez-grande-come-chico, quien ofrezca lo mismo a menor precio es contratado. Y eso provoca que los sueldos vayan cada vez más a la baja.

Y ya que estamos hablando de pobreza, pasamos a temas del "bien común" (¡horror!) como la seguridad y asistencia social. Siguiendo la lógica de mercado, la salud es sólo otro producto, que, por lo tanto, está sujeto a las fluctuaciones, nuevamente, de oferta y demanda. Si una población es abundante, la demanda de servicios médicos aumentará. A mayor demanda, suben los precios. Por lo tanto, el que no pueda pagar se jode. Si, "el único sistema moral de la historia." Es ahí donde entra la seguridad social estatal, cosa que les causa ámpulas y espasmos a los defensores de libre mercado, pero que es lo único que garantiza el derecho a la salud de las poblaciones desfavorecidas. Analizándolo, la oposición a la asistencia social es parte de un problema de un egoísmo de niveles ridículos ("¿Por qué debo pagar con mis impuestos la salud de esa gente?") combinado con ingenuidad ("que el estado otorgue vales para que obtengan atención de servicios médicos privados"). Ese prejuicio de que las instituciones de salud no sirven para nada está motivado, además, por el mal servicio que se otorga en esos lugares en el primer nivel de atención. Pero, si me preguntan, prefiero ser operado en el Instituto Nacional de Cancerología o en el Centro Médico Siglo XXI que en el Hospital Ángeles en caso de tener una enfermedad grave. Analicen las cosas objetivamente, Chicago boys.

¿Y qué ocurre con todo aquello que no puede ser tasado, etiquetado, envasado, comprado? El arte, por ejemplo. ¿Los museos que no produzcan suficientes entradas económicas deben desaparecer? Por no hablar de la invasión publicitaria en todos los aspectos de la rutina cotidiana: anuncios en la tele, en la radio (cortes comerciales y anuncios dentro de los programas), en los medios impresos, en internet, en la calle. Ya sé que eso les gusta a los botarates a los que cosas como Picadilly Circus o Times Square se les hacen bonitas, pero yo no quiero ver todo el tiempo el espacio público invadido de publicidad constante, incitándome a obtener la felicidad por comprar una lavadora. La necesidad inventada de obtener siempre satisfacciones rápidas a precios razonables.

Puedo decir, entre muchas otras cosas (que harían mucho más extenso este armastrote) que así como los hombres se mueven en función de intereses personales, que muchas veces son bastante cretinos, así también se mueven los mercados. Un mercado satisface demandas, no necesidades. La racionalidad económica no implica una comprensión completa del comportamiento humano, y su uso exclusivo genera problemas como desequilibrio ecológico, contaminación, extinción de recursos, crisis cambiarias y financieras, pánicos bancarios, fuga de capitales... La política económica aplicada por el gobierno se concentra en buscar estabilidad de precios, tasas de interés, tipo de cambio y crecimiento económico, y deja en un segundo o tercer plano el bienestar social y las consecuencias que dichas medidas puedan tener sobre él. Por eso se habla en México de "neoliberalismo"; aunque los defensores de tal sistema económico digan que eso no existe en el país, son medidas impuestas por los organismos financieros internacionales, y QUE NO HAN FUNCIONADO. Y no, no siempre es por culpa del mal manejo de las variables económicas que hace el gobierno. Me recuerdan a los médicos medievales, que todo querían curarlo con sangrías.

Por eso surgen bolonios con sistemas de "pensamiento" de tipo victoriano, como Francis Fukuyama y su "fin de la historia." Estos zoquetes piensan que ya no habrá luchas ideológicas, que la diferencia entre izquierda y derecha debe ser por libertades sociales, pero dejando el modelo económico intacto. Ajá, como no. Para acabarla de empeorar, somos demasiados: demasiada gente en el planeta compitiendo por recursos limitados. Y ello lleva a la guerra.


Durante una discusión sobre este tema en twitter, alguien me dijo respecto a la guerra (que es necesaria para sustentar el mercado): "lo que pasa es que vives en un mundo rosa. De hecho, si México hubiera tenido más guerras, estaríamos en mejores condiciones económicas. Y lo que me dices respecto al dolor de la gente que muere en una guerra, me tiene sin cuidado. La gente vive y muere todos los días, y el triunfador en una guerra obtiene más altos niveles de vida". Que padre. Te das una idea de cómo piensan estos botarates y su mezquinidad clasemediera.

¿Un ejemplo de un sistema económico que no sea tan devastadoramente agresivo? Simple: Noruega. Niveles de vida excepcionalmente altos, promovidos por el funcionamiento eficiente de la combinación entre empresa y estado. Es muy simple: el libre mercado NO FUNCIONA SOLO.

El estadista francés Lionel Jospin mencionó alguna vez que "no estamos en contra de la economía basada en el mercado, sino de la sociedad basada en el mercado". El problema es que la última es consecuencia de la primera.

También se dice que "un estado, cuando es lo suficientemente poderoso para limitar la libertad de empresa, también lo es para quitarte tus derechos". ¿Y qué ocurrirá cuando las empresas sean lo suficientemente poderosas como para quitarte esos mismos derechos?



P.D. Como no va a faltar el taradazo que diga "es que seguramente eres un mantenido del estado!!!11!uno!" les comento rápidamente: trabajo en una empresa que otorga servicios para bancos, y soy valuador inmobiliario y agente de bienes raíces; no tengo prestaciones y gano conforme a la cantidad de trabajo que realice, además de llevar mi propio negocio de diseño arquitectónico. Y dicho esto, ahora sí, que comience el debate. Será divertido.

jueves, 25 de marzo de 2010

Usuarios del metro del DF, uníos

"Izquierda, avanzo. Derecha, descanso."

UPDATE: Tenemos la meta de juntar, antes del 26 de abril, más de 300 seguidores en Facebook en este grupo: http://www.facebook.com/group.php?gid=110878032276043&ref=ts

La idea es poder demostrar a los funcionarios del metro y a la gente del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo que la iniciativa que proponemos tiene algún tipo de respaldo entre los usuarios. Así que: únanse e inviten a sus conocidos.



Ayer (jueves 25 de marzo) se armó un buen debate en el que varias personas participaron (pueden ver el hashtag #usuariosmetrodf en Twitter). A la mayoría de los participantes le pareció una buena idea esto que propongo, aunque a otros la medida les pareció irrelevante, insuficiente o innecesaria. Ya se dijo antes y lo repetiré ahora: nadie pretende erradicar todos los males del transporte público, sólo queremos desplazarnos mejor cuando viajamos en el Metro. Bien, como el post con la justificación y la propuesta estaba muy largo decidí separarlo. Lean acá para la justificación del proyecto.

Aquí voy de nuevo, aunque ahora con dibujitos y videos para hacer más didáctica y clara la propuesta.

La idea es sencilla y de sentido común.

1. En el Metro, las escaleras eléctricas no sirven sólo para "descansar", sino para agilizar la movilidad de los usuarios.

Figura 1. Escaleras eléctricas. Avance normal. (Por Soybeto)

2. Hay un principio básico de movilidad que en México apenas se respeta: "la fila de la izquierda es para avanzar, la derecha para detenerse". En México, la gente suele detenerse donde le da la gana, en el momento que quiere, creando "olas de tráfico" que impiden una movilidad eficiente de los usuarios.

Figura 2. Escaleras eléctricas. Con dos estorbos.


3. Esta regla no se respeta, no porque los mexicanos seamos genéticamente incapaces de seguir normas, sino porque 1) mucha gente no tiene ni idea de que esta regla existe, 2) nadie se atreve a decir nada.


Por favor, vean este video y observen cómo sólo dos chicos pueden subir las escaleras antes de que se bloqueen las filas.


En fin, ayer me comuniqué con gente de la Gerencia de Instalaciones Fijas del Metro, a cargo de Adrian Cortez Hernandez y me dijeron que hay, en total, 357 escaleras eléctricas en toda la red y que, efectivamente, casi nadie respeta esta regla a pesar de que en algunos lugares hay este anuncio.

Un vistoso anuncio, color amarillo, de fabuloso diseño que está estratégicamente colocado para que todos los usuarios lo vean y entiendan claramente el sencillo mensaje. Ajá, obviamente es sarcasmo.




El punto de todo es lo siguiente:

Gente, si ya somos viajeros frecuentes del Metro, podemos ayudar a difundir este concepto básico de movilidad cada vez que utilizamos este sistema de transporte. Sin embargo, una campaña basada solamente en el "oiga, me da compermisito por favor" quedará en el vacío y nadie nos pelará. Así pues, la propuesta es:

1. Reunir al menos 200 usuarios frecuentes del Metro que estén dispuestos a colaborar.

2. Pedir que nos brinden un distintivo (un gafete, banderín, gorra, etcétera) que nos identifique como parte de una campaña de "movilidad eficiente" del Sistema de Transporte Colectivo Metro.

3. Exigir que se haga un nuevo cartel (puede ser por medio de un concurso, quizá), mucho más vistoso y amigable, que se coloque en todas y cada una de las 357 escaleras eléctricas de la red.

4. Una vez con el distintivo, los voluntarios tendríamos el encargo de que cada vez que usemos las escaleras eléctricas difundamos y repliquemos como mantra el siguiente mensaje: "la fila de la izquierda es para avanzar, la de la derecha es para descansar."



Y ya. En eso estriba toda la idea. No tengo dinero, ni los del Metro tienen dinero para promover algo de mayor calado. Lo siento mucho si les parece demasiado poco. Lo siento mucho si les parece demasiado irrelevante.

Ahora bien, si alguien piensa que vale más la pena hacer una campaña para que la gente use las escaleras normales en vez de las eléctricas: adelante, están invitados a hacerlo, tal vez podríamos conjuntar esfuerzos más adelante. Les paso los contactos de los funcionarios del Metro a quien deben dirigirse.

En fin. Ahí está mi propuesta, una cosa bien sencilla que no le haría perder el tiempo, ni las energías a nadie. Al contrario, podríamos ganarlo y, ya de paso, darnos cuenta que cosas así de pequeñas pueden comenzar a crear formas de interacción social distintas. Más aún: activar la participación de personas comunes y corrientes en la solución de pequeños problemas que les conciernen. Autogestión, que le llaman.

Gracias. Sigan comentando o manden correo a jordy182@hotmail.com

miércoles, 24 de marzo de 2010

Justificación de #Usuariosmetrodf

Lo obvio

Desde hace unos meses estoy viajando todos los días en el Metro, algunas ocasiones varias veces al día. Ustedes ya lo saben: en el Metro hay de todo, aglomeraciones, empujones, arrimones, codazos, vendedores ruidosos, gente corriendo, gente llorando, gente riendo, etcétera. Obvio: todo se potencia en las horas pico.

Sin embargo, algo que siempre me ha causado mucha curiosidad es ver cómo la gente usa las escaleras eléctricas, sin importar de qué hora o línea se trate. Desde hace un mes y medio comencé a hacer anotaciones sobre las cosas que veía y las ideas que se me iban ocurriendo.

Todos hemos visto que hay personas que se colocan estratégicamente en ciertos vagones para que, al llegar a tal estación, sean los primeros en salir y puedan subir corriendo por las escaleras eléctricas.

Pues sí, por lo general siempre hay un flujo inicial de personas, las más apuradas, que no paran de caminar por las escaleras. Lo curioso sucede cuando de pronto, siempre varía el momento exacto, algunas personas se quedan de pie y ya no dejan avanzar, creando a su vez eso que se llama “olas de tráfico”. Aún más curioso: cuando esto sucede, casi nadie dice nada, no importa si detrás de los que están bloqueando el paso hay alguien que se muere por seguir caminado.

Hay una especie de aceptación tácita de que no podemos pedirle a los de adelante que se hagan a un lado. Los que lo hacen son muy pocos, casi nadie. Además, si te toca ser de los últimos en salir del vagón, es fatigoso tener que “pedir permiso” a cuarenta personas que seguramente te van a ver raro y no te harán caso.

Todo esto me produce una mezcla de risa y coraje. Varias veces, en la estación Chabacano, me toca ver que las primeras personas que se suben a las escaleras eléctricas se quedan completamente de pie, una al lado de otra. Una ocasión fue comiquísimo ver a toda la gente atrás de dos señoras gorditas, y nadie podía avanzar, algunos lo único que hacían era mover los pies en señal de impaciencia. Se hizo una cola enorme. Para colmo, en ese momento llegó otro tren, bajó la gente y la cola se hizo interminable. De verdad, hubiera querido grabarlo y ponerlo en youtube.

La situación

No importa si es hora pico o no, la gente tiende a detenerse en cualquier parte de las filas. No me vengan con que no. Tampoco me digan que es ineficiente dejar una fila libre en las horas pico. Si una fila está libre, la gente caminará por ella. Sería raro que “todos” estén cansados y todos quieran hacer una filototota del lado derecho y nadie del lado izquierdo.

Otra más: las escaleras eléctricas agilizan y facilitan los recorridos, para eso están pensadas. Si subo o bajo por las escaleras normales, es probable que llegue al mismo tiempo que aquellos que van “descansando” en las eléctricas. Pero si camino en las eléctricas llego en la mitad de tiempo. Plain common sense, como dice mi estimado profe Esquivel. Y por último, quisiera verlos apurados un día en alguna de las estaciones de la línea naranja y que suban los chorromil escalones que hay.

Como ya les dije, no se trata de la cantidad de gente que haya. Aglomeraciones hay en todos lados y, al menos en los metros de Montreal, Madrid, Barcelona, Berlín, se intenta respetar esto que les comento. No importa si acaba de terminar un concierto o un festival y hay miles de personas usando las escaleras. Pueden decirme que en Tokio, NY o cualquier otro lado no pasa igual. Bien. ¿Y?

En fin, quizá algunos dirán “oh, no es gran cosa”, o “da empujones para pasar”, o se burlarán de algo tan, aparentemente banal, pero la cosa va más allá. Se trata de formas de movilidad e interacción social que no son asuntos menores. No quiero dar codazos y que un loco se ponga de impertinente y sepa qué más. Simplemente quiero que se respete un principio básico de movilidad en casi todos los metros del mundo: la gente que tiene prisa sube por la fila de la izquierda y los que quieren “descansar” un momento se quedan de pie en el lado derecho.

Lo politicoso

Hace poco platiqué con alguien de esto y me respondió que ya una vez se había intentado una campaña llamada “Izquierda para avanzar, derecha para detenerse”, pero que obviamente algunos políticos de derecha saltaron y se rasgaron las vestiduras diciendo que era cosa electorera, una forma de adoctrinamiento y así. El Sistema de Transporte Colectivo puso entonces carteles pequeñísimos donde dice “ceda el paso por la izquierda” o algo así, pero son poco visibles y, en todo caso, inservibles.

Aún antes de siquiera explicar mi proyecto, ya me comenzaron a llover algunas críticas y comentarios de que “pos usa las otras escaleras”, o “pos es que es muy difícil hacer algo”.

Yo digo que no tiene que ser tan difícil y que no se pierde nada en intentar cambiar algo, así sea tan “equis” como lo que estoy diciendo. Las escaleras eléctricas no solo son para “descansar”, sino que también sirven para subir o bajar más aprisa.

El proyecto, tal cual: allá arriba.