miércoles, 2 de junio de 2010

Las estampitas que no curan o de la volatilidad anímica

Es impresionante lo rápido que podemos cambiar de ánimo. Sí, de verdad lo es. Hace unas horas estaba muy, muy feliz: luego de casi dos meses de estar buscando una reunión con la "jefa" por fin sucedió hoy. Todo salió mucho mejor de lo que pude haber imaginado en mis sueños más inverosímiles. Hablé sin prisas, me escuchó con atención, le gustó el proyecto, se emocionó con él, me dio sus comentarios y ¡gracias al cielo!, me cambiaron de "área", por decirlo de alguna manera. Al salir de la junta pensaba: "ha sido excelente esta reunión". A la hora de la comida fui a una cantina con G. y platicamos harto sobre esto y aquello, comí un caldo de res buenísimo y una torta de pierna y queso fantástica, tomé dos chelas XX Lager Ambar (mis favoritas), y todo por 58 pesos. Mejor, imposible. De regreso a la chamba hubo una junta más, ahora sobre un proyecto en Berlín, ciudad que añoro, y también salió a pedir de boca.

Como diría Luis Frost: corte a mí en el metro, caminando con más pena que cansancio. Y entonces, sin más, regresaron estas ansias, este coraje, esta tristeza que no se va del todo. Este dolor que llega, incomoda, sale a pasear y vuelve. Y lo peor es que no se trata de "algo" específico, una discusión mal habida, una persona alejada, una relación perdida, sino de una aglomeración de pequeñas y grandes cosas que no me dejan en paz. Pueden reírse, yo igual lo hago, pero les platico: la forma que encontré para distraer momentáneamente estos pensamientos ha sido pegar estampitas. Sí, en serio. Solamente en 1994 tuve un album del mundial y ahí lo compré porque todos mis amiguitos lo tenían. Pero hace un mes y medio, cuando lo conseguí, fue con la intención completamente consciente de hacer de ese "estúpido" ritual (que incluye gastar dinero a lo wey) una de mis distracciones más leales, una fórmula para evadir por algunos minutos aquello que no quiero saber, un placebo impráctico para no pensar-lo, para no juzgar-nos, para no extrañar-te. Como se ve, ha fallado su misión, dado que el dolor sigue aquí, insistente y profundo, y no se marcha. Hoy día, ni todas las estampitas del mundo me alcanzan para dormir tranquilo.

Termino: desde hace un año siento como si estuviera de pie sobre un gran tombling, solamente tensando los resortes, esperando. Con cada pequeño "triunfo" el tombling se tensa más, pero nada se mueve. Llevo meses esperando ese gran salto. Que ya suceda, por favor.

2 comentarios:

Fire_tony dijo...

Llega un momento en la vida de todo hombre en el que se da cuenta de que las estampitas no son lo suficientemente buenas para toda ocasión.

Por suerte a casi todos los hombres les llega al mismo tiempo que la muerte.

Por desgracia te llegó mucho antes.

Espera, ¿te sientes mal?, ¿sientes como que vas a morir? ¡Ve al médico!

Lua Lou dijo...

llega el momento en que lo que se desea es no pensar en nada y sólo flotar y flotar; me gustó, ojalá algún día sirvan las estampitas, sino igual puede intentar con los rompecabezas(acabo de ver que le gusta papasquiaro... no he leído "los detectives..." pero espero leerlo pronto -mario santiago es amor-)