lunes, 24 de noviembre de 2008

Una fiesta vacua y fútil

¿Quién no ha tenido un momento absurdo en su vida? ¿Quién no ha sido partícipe de alguna conversación superficial? ¿Quién no se ha emborrachado jugando "caricachupas" o juegos similares?

Bien, me imagino que la gran mayoría diría "por supuesto, yo" ¿no es así? Si alguien respondiera "yo no" a las tres preguntas anteriores, se merecería un frío aplauso y acto seguido le daría mi más sentido pésame. Mi recomendación para esa persona sería: "Salga un poco de casa y viva". Punto.

Es cierto, hay que reconocer que recordar ciertos momentos sin sentido puede ser divertido, lo mismo que hablar ligeramente sobre algunos asuntos. Y bueno, nunca estará de más tomar unas copas con los amigos de vez en cuando.

Sin embargo, el sábado pasado el absurdo y la vacuidad fueron los acompañantes principales de una reunión extraña que terminó en borrachera fútil. Pues bien, no digo más y presento la historia que lleva por título:

"Nueve personas, tres botellas y algunos fardos (o las vicisitudes del ponte-pedo)"


Todo comenzó como un plan eminentemente bucólico: hacer un día de campo en las Lagunas de Zempoala. B., amiga de Luis Urquieta y principal organizadora del picnic, nos citó a las 11 am. afuera de su casa. La preparación de unos bocadillos improvisados y una discusión bizarra entre B. y su hermana hicieron que se perdiera mucho tiempo y no saliéramos a la hora prevista.


Primer error: salir a la 1 pm. de la ciudad de México rumbo a Zempoala. El tráfico en Insurgentes es insufrible, la carretera federal a Cuernavaca es espantosa, aunque he de decir que los paisajes son hermosos. Pero bueno, ya se imaginarán: dos carriles exageradamente estrechos, apenas uno de ida y uno de vuelta, subidas interminables y camiones de carga por doquier. Pero ahí íbamos, cantando y platicando. En total éramos diez personas, repartidos en tres coches. Llegamos a Zempoala bastante tarde, a las 3 pm., y apenas tuvimos tiempo suficiente como para atragantarnos con los bocadillos que Luis y yo (ja) preparamos, tomar un as fotos extravagantes haciendo cosas ridículas, comer un poco del atún preparado por Paulina, montar caballos desobedientes y galopantes, y jugar unos cuantos sets de volley-fut (en los que fui, por cierto, ganador indiscutible, ¡ja!).

Nos fuimos del lugar a las 6pm., antes de que oscureciera. Cuando íbamos de regreso a la ciudad de México, los primos de B. amablemente ofrecieron su departamento para que allí continuáramos con la convivencia, que si bien en ese momento no era aburrida, tampoco era excesivamente amena. Segundo error: no irme a mi casa a descansar después de un día medianamente agitado y una noche de relativo insomnio. En fin, fuimos a comprar una botella de whisky y de ahí al departamento. Eran las 7.47 pm. Sin mucha meditación alguien gritó de pronto

-"Vamos a jugar 'Ponte-pedo', ¿sale?"

Varios asintieron al momento y el juego comenzó casi de inmediato. Me explicaron las reglas con detenimiento que, como fácilmente podrán suponer, estaban encaminadas a poner a la mayor cantidad de jugadores "pedos" en el menor lapso de tiempo posible. Las reglas eran más o menos así: si alguien sacaba de la baraja una carta con un 10 se aplicaba la regla "todos toman"; si salía un 9, "mujeres toman"; si aparecía un rey, "hombres toman"; si la carta era un 5 "se reparten cuatro tragos"; y varias finuras y entrampados más que tenían como objetivo provocar una reacción en cadena del tipo "cada que yo tome, X toma, y Y y Z toman doble".


El "ponte-pedo"

¿Era realmente ameno y divertido lo que estábamos jugando? Los primeros minutos parecía que sí, después era evidente que el juego era el mero pretexto para tomar sin control. La mayoría de los castigos eran super absurdos, pero la novedad, la inercia y la atmósfera hacían que todos siguiéramos con el "ponte-pedo". Hay que decir que había cosas que de pronto causaban gracia, en ocasiones había ciertos castigos o retos que provocaban risas (como la parte de hacer un paso de baile e irlo repitiendo hasta que alguien se equivocara), pero más bien éstas eran generadas por el ridículo que todos hacíamos de vez en vez. La primera botella de whisky se acabó pronto, pero de inmediato fue repuesta por otra. A las tres horas el juego se terminó y era evidente que más de la mitad de los presentes estábamos ya un tanto borrachos (pedos, pos qué). Eran apenas las 11 pm. Inició entonces lo más cercano a una conversación general. Los temas a tratar fueron "¿cuánto cuesta rentar un smoking?", plática que fue seguida inmediatamente por "soy bien chingón montando caballos".

Ya se imaginarán, fueron pláticas insulsas y repetitivas (¡más de media hora cada una!) y aún más aburridas para mí tomando en cuenta que 1) yo no iré a la boda de la prima de no se quién y 2) yo no soy bien chingón montando caballos. Tercer error: quedarme y aparentar que me la pasaba super bien.

(Foto de felicidad espuria)

Cuando se acabó la segunda botella, rápidamente alguien empezó a organizar una recaudación de fondos para comprar nuevas botellas. Yo quería más whisky, pero la decisión general fue "comprar lo más abundante y barato". Así fue como dos "valerosas" personas fueron en busca de más alcohol y regresaron con una botella de Ron Bacardí de casi litro y medio, una coca-cola de dos litros y agua mineral.

-"¡Ora sí, a ponerse pedos!", gritó alguien.

Era el momento justo para irse de esa fiesta inútil, no había ya más nada que hacer allí, pero no, me quedé por..., pues sí, por pendejo. Y bien, a partir de ese momento llegó la verdadera decadencia. Y sí, en efecto, la reunión se convirtió en la más aburrida, la más absurda y la más insulsa en la que haya estado nunca. (Y créanme que he estado en muchas.) A partir de la llegada del Bacardí, nadie hizo siquiera el intento por platicar de algo, ninguna idea digna de pensarse (ustedes saben, incluso borrachos se pueden llegar a tener ideas y pláticas interesantes), no más baile, ninguna anécdota realmente divertida digna de contarse: nada. El objetivo de varios se convirtió en acabarse por completo la botella de Bacardí; tomar por tomar, ya sólo por inercia.

Sirva el siguiente video como el ejemplo más elocuente de lo que quiero decir.

(Evidencia clara y precisa de lo fútil de esa reunión etílica)

Algunos comenzaron a tomar directamente de la botella y ver quién aguantaba más. Hablar de nada, absolutamente nada. -"Sírvele más, yo tomo como albañil"- y -"cuando era chico le escupía a los padrecitos de la iglesia"- fueron quizá las únicas frases memorables. Todo siguó sin rumbo: cantar partes de canciones de desamor. Posar para fotos y aparentar que todos nos la estábamos pasando muy bien. Sí, lo sé, sonaría muy dramático decir que a partir de ese momento la reunión se transformó en un vacío absoluto. Pero qué más da: fue el vacío absoluto. La gente seguía tomando y el alcohol mostró de manera indefectible sus efectos. Y así, uno por uno, las personas se convirtieron en fardos y empezaron a caer, cual robles adustos*.

La Caída (de los fardos)


Uno... (el primer fardó cayó en el sillón rojo)

(Luis se percata que el fardo no está solo, recibe apoyo moral)

Dos... (Luis dando palabras de aliento al segundo fardo)

Tres... (fardo solitario, cayó en su cuarto)

Aquí se pueden apreciar tan sólo tres de los que cayeron esa noche. Sé que poner estas fotos puede ser políticamente incorrecto, pero la identidad de los fardos está resguardada. Además, da igual.

Por si fuera poco, cuando por fin todo acabó (a las 3 am.), mi coche estaba atrapado entre varios autos más. Tocamos los timbres de varios vecinos para ver si movían sus coches y la obvia respuesta fue: "¡carajo!, estoy dormido, vayánse directito a la %#$&#". Después de semejante explicación de motivos uno de los primos de B. nos hizo favor de llevarnos a casa de Luis. Sólo pude recoger mi coche hasta el día siguiente a las 2 de la tarde. ¡Y seguía atrapado!


(El siempre noble "Platina" no podía salir del estacionamiento de visitas)

Parte seria:

Bien, he aquí la parte profunda del escrito: Siempre he sido una persona que disfruta de tomar en compañía de amigos y compañeros. Reconozco que el alcohol puede hacer un tanto más amenas ciertas pláticas o ciertas reuniones, y que facilita el desenvolvimiento de la gente, en general. El origen del vino, tanto en Oriente como en Occidente, estuvo ligado a cuestiones de alto nivel religioso y filosófico. Así, gracias al vino (u otros derivados de la fermentación) los sacerdotes egipcios "hablaban" con los dioses, los bramanes hindús "bendecían" a los iniciados, la pitonisa y los filósofos griegos "veían" el futuro o se "acercaban" a la verdad, los poetas babilonios "sentían" el olor de los colores, etcétera... y quizá también -por qué no- les gustaba ponerse bien pedotes de vez en cuando, y con certeza también había mala copas de pronto. Bien por ellos.

En la actualidad, el alcohol es más una convención social y, en casos extremos, un caso de salud pública. Así pues, sabemos perfectamente que en las presentaciones de libros se ofrecen vinos de honor; en las reuniones diplomáticas los acuerdos se sellan con un brindis; para festejar algo, lo que sea, una boda, un bautizo, un campeonato, las fiestas, casi necesariamente, incluyen algún tipo de alcohol. Pero por lo menos existe un motivo para tomar: festejar un cumpleaños, cerrar un acuerdo, o simplemente pasarla bien con los amigos platicando y departiendo. Lo que sucedió el sábado anterior, sin embargo, fue la borrachera más absurda, aburrida y extraña en la que he estado. ¿Que qué dramático? Bah, da igual. Mejor dramático que hacerlo otra vez.

*Debí de haber dicho, "cual Gran Lilián".

4 comentarios:

Lucho dijo...

Efectivamente no cabe duda, es un buene escrito, un poco drámatico porque la felicidad no fue tan espuria. Más bien el detonante fue el coche atrapado. ¿cómo decirlo? ¿será la decadencia de occidente? ¿nos habremos de volver musulmanes?... No lo sé, el hecho cierto es que esa noche nos hizo reflexionar mucho y actuar en consecuencia, puede ser que aunque seamos profundos críticos de lo vivído hayamos de agradecer en futuro aquel famoso juego ¡VIVA EL PONTE PEDO!... Afortunadamente esa ha sido nuestra borrachera más futil y vacia, por lo menos no acabamos en un mitin de AMLO pidiendo caballos para todos..

un abrazo
¡viva Dussel!, ¡viva Escalante!
¡viva Rocio, ¡viva Hoffman!...
VIVAN LAS AMISTADES VIRTUOSAS!!!

SALUD COMPADRE......
esta va por usted....

luis dijo...

ahh me equivoqué.. "dramático"... que feito...

Jordy dijo...

Mantengo mi frase "felicidad espuria", por lo menos para mi caso, quizá tú lo pienses distinto y está bien. Pero las sonrisas eran más aparentes que reales, pues estaba con personas relativamente amenas, pero que no eran mis amigos y con los que no me siento en nada identificado. Podría hablarse de un momento divertido, pero no le llamaría de ninguna manera "felicidad", pues en nada se compara con aquellas reuniones con Bruno, Shere, Sebastián, en tu casa, por ejemplo, o a aquellos viajes a Chachalacas o a Oaxaca en compañía de los tertulianos, o tan sólo esas yardas con Karun y Marie Pier y Conover. Bueno, eso es lo que creo, obviamente quería darle un toque dramático a la entrada, pero aún así mantengo mi frase. Vivan las relaciones humanas que nos dejan algún provecho...

Anónimo dijo...

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