domingo, 30 de agosto de 2009

Cuando el desvelo reconforta

Es tarde y me duele un poco la cabeza (supongo que porque hoy me alimenté solamente de empanadas de pollo con mole). La situación no es extraña ni el entorno distinto: es de madrugada, estoy en mi cuarto, hay un foco fundido, algún grillo canta y me ruge el estómago.

Lo excepcional, si puede decirse así, es esta sensación de "cansancio bien habido".

El insomnio no me es ajeno, pero hay de desvelos a desvelos. No escribiré más por el momento. La entrada larga y reflexiva la dejo para otra ocasión en que pueda teclear sin tanta torpeza. Mis ojos se cierran y mis intestinos se atacan a muerte. Además me estoy mordiendo la mano derecha.

¿Y entonces de qué sirven estas palabras repletas de nada?

Son mi constancia inmediata de un desvelo afortunado.