lunes, 3 de noviembre de 2008

Ah, entre la tesis, el desempleo y un trabajo (cuasi) ideal

Recuerdo que hace tiempo, justo cuando comenzaba mi primer semestre en el Colmex, platiqué con una compañera y le dije lo siguiente: "es extraño, nunca he tenido alguna crisis motivada por la edad, voy a cumplir 19 años pero igual podría decir que tengo 15 y me lo creería yo mismo". Bien, ya no más. Desgraciadamente un temible momento de ruptura ha llegado. La inocente irresponsabilidad del estudiante está terminando y me siento extraño, confundido y contrariado. El Colmex aún no se ha ido del todo. La tesis sigue durmiendo cual bebé antes del parto. Sin embargo, por primera vez desde hace mucho tiempo, siento y presiento que estoy viviendo un momento especial y definitorio. Ah, qué difícil es la vida (léase con tono medianamente sarcástico, sólo medianamente). Pues sí, en efecto, me siento raro y hoy me he dado licencia de parecer sensiblero. ¿Qué me inquieta? Aquí viene lo interesante. Para ser sincero no lo entiendo muy bien. Desde hace semana y media, si alguien me pregunta "¿y qué haces ahora que regresaste del intercambio?" digo que estoy trabajando con Mauricio Merino en un proyecto de investigación sobre PROCAMPO. A decir verdad, muchos mejor no preguntan más; el tema seguramente les suena un tanto aburrido y prefieren hablar de cualquier otra cosa. De acuerdo, no los culpo, pero -ahora lo sé- están equivocados quienes piensan que la investigación académica siempre es de hueva. Entrados ya en confesiones de medianoche, he de decir que durante un largo periodo de tiempo a mí también se me hacía que la labor del investigador en las ciencias sociales era un tanto aburrida, algo tediosa y nada apasionante (a menos que fueras uno de esos tipos raros que se la pasan en la biblioteca todo el día). No obstante, por lo menos en el proyecto en el que estoy, el trabajo de investigación se asemeja más al de detective, yeah. He descubierto (o quizá sólo me miento) que más allá de la talacha necesaria (buscar nombres de funcionarios, leer sobre organizaciones campesinas, comparar bases de datos, etc.), uno puede apasionarse buscando ese detalle escondido que de sentido a una explicación mayor. Y si uno trabaja acompañado de una brasileño-colombiana-mexicana italo-francoparlante, ¡pues qué mejor!



(Echando la mejor ensalada que haya preparado en mi vida con mi "compañera de trabajo" (ay sí): Natalia Rivera)

Gracias a Merino, a Natalia (y también a Chema), en tan sólo semana y media he aprendido muchísimo: conceptos básicos de administración pública, historia y trayectoria de varias organizaciones campesinas, algo de derecho administrativo, un poco de derecho fiscal, etc. Y así, cada día he conocido un poco más sobre uno de los grandes problemas históricos de México: el abandono del campo.

Pues bueno, después de tanta palabrería creo que es evidente que debería estar contento -quizá hasta cierto punto lo estoy- con el "trabajo" que tengo, pero hay algo que no me deja disfrutar del todo este momento de transición entre la vida estudiantil y la vida laboral. No he identificado concretamente por qué me siento así, el trabajo no es malo, al contrario, me gusta el esquema en el que fui "contratado": no hay horarios fijos, voy sólo tres días a la semana al CIDE, la convivencia con Merino hasta ahora es agradable, tengo una excelente compañera de trabajo, la biblioteca del CIDE está linda. Pero no lo sé, me sigo sintiendo extraño: a ratos un tanto triste; a veces muy solo; en ocasiones totalmente desorientado; y por lo general con muchas dudas sobre mi futuro cercano. Quizá parte del problema radica en que el "trabajo" con Merino me parece demasiado "light". Y quizá por eso me siento en esta especie de letargo, estado indefinido entre tesista estresado, desempleado malhumorado y trabajador por honorarios agotado mentalmente por el tráfico de esta ciudad caótica. Bah, da igual. Como bien dice el cuento, "esto también pasará". Mientras tanto, ¿alguien dijo yardas?


(Ah, después de ver esta foto comienzo a replantearme el por qué de mi sentir extraño: las sillas son incómodas, hace mucho frío en el CIDE y lo peor de todo ¡el cubículo es demasiado pequeño para dos mentes tan brillantes! Mientras uno canta "Lo grande que es perdonar", el otro tararea canciones de Calle 13. Nah, ya le agarré cariño al "huevo frío")


3 comentarios:

Victoria dijo...

Jordy qué tal! estoy acá de chismosa en tu blog, me gusta como escribes, no sé si es la edad (jajaja)o la carrera pero a veces me identifico con tus pensamientos :P
bueno aquí te voy a estar leyendo un rato
te mando saludos y suerte con tu investigación ;)
atte
Cassandra

Ana dijo...

Jajajajaja...

Suele pasar que las mentes muy "elevadas" en su desenfrenado afán por elevarse más, de pronto nos sentimos frustrados cuando sabemos que podemos estar comiéndonos al mundo y mientras tamos tomando té Lipton!

Jordy dijo...

Ana, pues sí tienes razón. Pero qué más da, el té Lipton sabe muy bueno.

Victoria Cassandra. A ver, a ver, conozco a una Victoria que estudia historia en la UNAM y a una Cassandra amiga de Lorena que según Luis Urquieta estudia relaciones internacionales. ¿Quién de las dos es la firmante? Estoy confundido, ¡ayuda! De cualquier manera gracias por el comentario.