lunes, 1 de diciembre de 2008

Entrada torpe

Hoy tuve una jornada extraña. Primero fue la junta con Merino para ver los avances del proyecto de PROCAMPO la que me provocó mucho nerviosismo. Hoy, a mitad del día, los sanos nervios se convirtieron en un estres atípico, del calado más vulgar y simple, casi asfixiante. Pero bueno, pasó la junta y creo que todo salió relativamente bien. Primero habló Natalia y presentó un trabajo excepcional, claro y detallado sobre los cambios en las reglas de operación del PROCAMPO, lo que le valió varias felicitaciones del jefe. Luego me tocó a mí presentar los datos que tenía sobre algunas organizaciones campesinas y cada que podía añadía información ciertamente irrelevante, tan sólo para llenar el silencio. Merino me miraba de vez en vez un tanto preocupado. Y de repente, digamos simplemente que fue un golpe de suerte (¿las velitas sirven?), se me ocurrió mostrarle un documento que había encontrado desde hace mucho tiempo y el cambio fue notorio. Increíble: una reunión estresante se transformó de pronto en una charla amena. "Jordy, este boletín de la Cámara de Diputados es oro puro para la investigación" dijo Merino en algún punto de la reunión y yo quedé un poco más tranquilo. Uff. Aunque bueno, de cualquier manera ni Natalia ni yo nos libramos de una nueva carga de trabajo aún más apremiante, pues Merino tiene que presentar el borrador de la investigación el próximo lunes ante los directores del proyecto del Woodrow Wilson Center. Habrá pocas horas para dormir.

En fin, después de la junta y mientras manejaba de regreso a la ciudad, de la manera más inesperada tuve un breve momento de emoción y de alegría. Todo había salido más o menos bien. Había tráfico, tenía hambre y la noche venía cayendo ya, pero por extraño que parezca el ambiente se prestaba para sonreír y reflexionar al mismo tiempo. La mente, que pocas veces se está quieta, pasó de la reflexión al recuerdo y de ahí a los sueños sin cumplir. En apenas unos cuantos minutos esta cabeza transitó de la remembranza de amistades añejas a la búsqueda de nuevas metas. Sin embargo, curiosos caminos tiene la mente: el ímpetu se transformó en nostalgia y la nostalgia me llevó a la tristeza. Sin pretenderlo, me vi inmerso en un estado mental y espiritual en el que todo o casi todo dolía: desde la confusión por un pasado amargo hasta la incertidumbre de este futuro extraño. Y llegó sin aviso el miedo pueril, de niño, y el temor ante todo y ante nada en específico. Por más ridículo que se escuche, fue el tráfico decembrino (bocinas, gritos y demás) lo que me regresó a la cotidianidad y a la normalidad del presente.



Tenía ganas de charlar de estas y otras varias cosas más superfluas con un amigo, pero desafortunadamente una visita "imprevista" hizo que la plática con él fuera más apresurada que de costumbre. Qué pena. Quizá no era el momento adecuado o yo qué sé. Sin embargo, en mi afán por hablar tan sólo un poco sobre todo lo que había pensado durante este día, salieron frases desbocadas y un tanto irreflexivas de las que ahora digo "ah, qué exagerado". Bah, no me arrepiento del todo, igual las quería decir. Y ahora, después de comer una rica hamburguesa que me preparé con mucho esfuerzo y esmero, y después de pensar en las ricas arepas que comeré el miércoles, estoy más sereno y relajado. El panorama se vislumbra complicado, pero qué más da.

Y bien, ¡oh público difuso y extraño!, heme aquí frente a esta máquina insulsa intentando transmitir en menos de quince minutos (no pretendo robarles más, el tiempo es oro) tan sólo una parte de las diversas emociones que tuve el día de hoy. Creo, de entrada, que no lo conseguiré del todo, pues cada persona tiene sus propios momentos de estres, alegría, nostalgia y miedo, y ya suficiente tenemos con eso como para que un extraño (en el mejor de los casos, un conocido) venga y nos espete palabras de desánimo y desaliento. Pero al final ¡oh queridos cuatro lectores! me quedo con lo único que tengo cierto: hoy fue un día pesado, mañana lo será igual, pero en un futuro no muy lejano podré decir "valió la pena". Por lo menos eso espero.

Vielen Dank für die Kerze.

[¡Hey, momento!, se me acaba de ocurrir una idea intempestiva para que dejen de ser un público difuso y extraño y así este insípido escritor de entradas torpes pueda tener una aproximación más clara a ustedes: de manera totalmente libre, incluso anónima si les va mejor, ¿podrían dejar su edad y sexo en la sección de comentarios? Gracias. El karma universal los recompensará haciendo realidad sus deseos más cochinos esta Navidad]

9 comentarios:

Anónimo dijo...

23, mujer. Saludos.

Anónimo dijo...

Hola, hola. Edad: 24. Sexo: Femenino. Estado civil: soltera. ¿Teléfono? jaja

Paqui dijo...

Me alegra que las velas cumplieran su función pero lo que de verdad importa es el trabajo y las cosas bien hechas. Besos

verogalleta dijo...

Edad: 23 Sexo: femenino

Natalia Gutierrez dijo...

Edad: 22
Sexo: Femenino
.....

Puras mujeres, no? jejeje
(todavía no tengo deseo de navidad)

Saludines

Anónimo dijo...

Iba a dejar mi nombre, pero mejor sólo la edad y el género: 23 y bien machín, jaja, chido el blog.

Victoria dijo...

22 años y peligrosamente hembra
;D

Anónimo dijo...

23...mujer...:)

Anónimo dijo...

Muy tarde para los deseos cochinos de Navidad... 25 hombre. Genial el deseo de que la vida no de miedo o amedrente -no recuerdo bien-, ni que la muerte seduzca (entrada del 10 de diciembre); Deseo lo mismo.